Blogia

Comunidad de Responsables MARIA AUXILIADORA

ARMONIA MATRIMONIAL

ARMONIA  MATRIMONIAL

Los casados deberían examinarse con humildad y lealtad para ver si deben corregirse de algún defecto que obstaculice la armonía matrimonial. Rara vez la culpa será de uno solo. Un silencio cariñoso, el saber ceder con prudencia, el explicarse con calma, el olvidar cristianamente, etc., ayudan a pasar por encima de muchas dificultades. Los pequeños disgustos, al prolongarse, pueden terminar en algo grave. Lo mejor es acabar con ellos cuanto antes, con un poco de humor, espíritu de conciliación y capacidad de olvido. Al cabo del tiempo puede que un día aparezca la decepción del cónyuge. En esos momentos es muy importante la comunicación mutua. Quizás preguntarle: ¿En qué te he decepcionado?.  El amor, como las plantas, hay que regarlo para que florezca. Si no lo cuidas, terminará por secarse. 
Conviene no olvidar que el hombre es muy distinto de la mujer.
El hombre y la mujer son iguales ante la ley por tener la misma dignidad personal, pero son distintos corporal y psíquicamente, para poder complementarse.El matrimonio no es un contrato de servicios sino una comunidad de vida y amor, como dice el Concilio Vaticano II. La huida de todo sacrificio quita al amor el sello de su autenticidad. Cuando vaya pasando el tiempo de tu matrimonio, encontrarás en tu cónyuge defectos de carácter que no advertiste en el noviazgo. No se los eches en cara de una manera desagradable. Eso sería contraproducente. Tampoco los consideres como de gran importancia. Es preferible que atiendas las virtudes que te movieron a elegir esa persona para unirte en matrimonio, y que sirven de contrapeso. En este mundo nadie es perfecto, y hemos de resignarnos a sobrellevar los defectos de nuestros prójimos. Procura portarte como si fuera tal como tú deseas. Esto le ayudará a que llegue, a la larga, a ser como tú deseas.Durante el noviazgo sólo se ven las buenas cualidades de la persona a quien se ama. Con los defectos hay mucha indulgencia. En cambio de casados ocurre al contrario: hay cierta tendencia a olvidar las buenas cualidades y a aumentar los defectos.


El orgullo desempeña un papel muy importante en las disputas matrimoniales. El remedio es la humildad, reconocer los errores y dar explicaciones aprovechando un rato de calma. Y si se domina el buen humor es un modo magnífico de terminar muchas disputas. Las dificultades conyugales son menos graves de lo que parecen, y pueden superarse con buena voluntad.
Supongamos dos esposos que después de algunos años de convivencia se encuentran en plena discordia, pero de tal modo exasperados y furiosos que quieren separarse lo antes posible y a costa de lo que sea. Al principio estaban muy contentos, se consideraban felices; ahora, en cambio, maldicen el día en que se casaron. ¿Cómo ha sido eso? Los dos tienen defectos, pasiones, errores, pero, quién no los tiene? Cuántos tienen los mismos defectos que ellos, o acaso más, y sin embargo viven en paz! ¿Qué es lo que les ha conducido a la infidelidad y a la ruina?

El esposo, algún tiempo después del matrimonio, ha comenzado a darse cuenta de las lagunas y defectos de su esposa, y esto le ha disgustado y le ha irritado. Bondadosamente, le ha hecho notar estas cosas, pensando que su mujer se enmendaría pronto de sus defectos. Le parecía tan sencillo y tan fácil! Pero ella no se ha corregido... Entonces la atención del marido se ha centrado más y más sobre las faltas y errores de ella, con lo que su desagrado, y luego su mal humor, han ido en aumento. Parecíale que ella no tenía buena voluntad y no le amaba, pues nada cambiaba su conducta, ni su modo de hacer; lo cual cada vez le disgustaba, irritaba y hería más vivamente.

Pero también el marido tenía lagunas, defectos, errores; y la mujer en ese mismo tiempo ha fijado su atención en ellos, y se ha desarrollado en su alma un drama igual al que se producía en el ánimo del marido. Pensaba que él pretendía mucho de ella y no se preocupaba de cambiar ciertas maneras suyas que la ofendían y amargaban. Hubiera costado tan poco!... Y así llegaron a donde llegaron.
Algún juez imparcial dirá inmediatamente que la conducta de los dos ha sido estúpida, y ambos han sido los autores de su desdicha. Si cada uno de ellos, en lugar de atender a los defectos y agravios del otro, en lugar de emperrarse en la pretensión de que el otro se corrigiera, hubiese observado sus propios defectos y se hubiera esforzado en quitar de sí lo que disgustaba al otro, habrían vivido en paz y la buena armonía se habría consolidado cada vez más. Ésta era la única conducta práctica razonable; era también la única cosa que cada uno podría hacer, ya que no tenía ningún poder sobre la voluntad del otro. Pero no han hecho lo que podían; han pretendido cada uno que fuese el otro el que lo hiciese, y así han llegado a ser desgraciados.
En este proceso de mutua "domesticación" que tiene que sufrir todo matrimonio, es esencial, por una parte, la constancia y, por otra, la mutua delicadeza. Nada de impaciencia con los defectos del otro; mucho tacto y, sobre todo, no restregárselo con dureza, ironías o ridículos.
Las moscas no se cazan con vinagre. Tampoco tratéis de rehacer el otro a vuestra imagen y semejanza. Por parte de cada uno de vosotros, el esfuerzo debe ser contrario: no tratar tanto de rehacer al otro, cuanto de adaptarme al otro.
La mayor parte de los conflictos en el matrimonio son causados por falta de mutua adaptación. Para que el matrimonio progrese los dos deben remar en la misma dirección. Si cada uno rema en sentido contrario, la barca girará sobre sí misma. Quien no esté dispuesto a adaptarse al otro, más vale que no se case. Sin esfuerzo de mutua adaptación, el matrimonio no hay quien lo aguante. El continuo choque de opiniones, deseos, planes, gustos, etc., convierte al matrimonio en un infierno.Es posible que no coincidáis en gustos, planes, deseos, etc. Pero si quieres a la persona, de buena gana aceptarás lo que ella prefiera. Cuando los dos quieren dominar, el choque es inevitable.

Cuando los dos quieren adaptarse, la armonía es maravillosa. El Dr. Vallejo-Nájera dijo por Televisión Española que la raíz de muchos matrimonios desgraciados es porque esperan demasiado del otro y quedan defraudados.Exigir del otro que se adapte, que procure mejorar su personalidad, querer que luche contra sus defectos y consolide sus cualidades, bien está. Pero exigir que eso se realice enseguida, y que la transformación sea inmediata, sería nefasto. Se obligaría entonces al cónyuge a contentarse con cambiar las apariencias, se le conduciría a adoptar unas actitudes que serían forzosamente superficiales; el resultado no tardaría en manifestarse con un retorno a las costumbres antiguas y un mutuo desengaño. Si hay algo que debe evitarse es eso.
Más vale proceder gradualmente, contar con el tiempo y obtener resultados ciertos. Esta paciencia será sin discusión, una de las formas superiores del amor y un testimonio irrecusable de desinterés. Saber esperar a que el cónyuge logre superar sus defectos, animándole sin hostigarle, ayudándole sin desquiciarle, éste es uno de los primeros pasos en el camino del acuerdo de las personalidades. Este acuerdo se efectuará con tanta mayor seguridad cuanto con más calma se proceda. Excitarse no servirá de nada; lo más que se conseguirá es exasperarse uno mismo y exasperar al otro. En tal ambiente, el acuerdo, en vez de progresar, retrocedería multiplicando los roces y exacerbando los choques. Todo esto no quiere decir que se encierre uno en la pasividad esperando que el cónyuge se decida de una vez, a realizar un esfuerzo para adaptarse, sino que significa que al exigir de él unas manifestaciones de buena voluntad, se impondrá uno a sí mismo una paciencia a toda prueba, respetando el curso del tiempo y contando con la lentitud normal de toda evolución humana.
Saber repetir una corrección. Repetirla sin dejar traslucir que está uno harto y a punto de estallar. Repetirla, por el contrario, con incansable afabilidad, con una pizca de buen humor, pero nunca fuera de tiempo.Domeñar esta impaciencia, esta precipitación, e imponerse contar con el tiempo.Esperar que poco a poco se efectúe la evolución requerida.El tiempo destruye siempre lo que se hace sin él.


En toda observación evitar las palabras agrias; en toda crítica, evitar las palabras ultrajantes; en todo reproche, evitar la aspereza; tales son las condiciones que se requieren previamente para el acuerdo conyugal. Éste no puede realizarse más que en un clima en que el afán de comprensión recíproca sea evidente. Este ambiente se creará si de una parte y de otra se emplea la destreza necesaria para hablarse con provecho. La preocupación por proceder con tacto conducirá a no hablar nunca bajo el efecto de la emoción violenta que acompaña habitualmente a la primera reacción. Le sucede a nuestro espíritu lo que al agua: cuando ésta se enturbia ya no se puede ver nada en ella; hay que dejarla reposar para que recobre su limpidez.
La crítica mutua en el matrimonio es buena y ayuda a mejorar. Pero debe ser una crítica que nace del amor y se hace con amor. No una crítica-reproche que molesta al otro. Éstas son inútiles y perjudiciales, porque deterioran la convivencia. Una crítica que es un desahogo de la agresividad, produce agresividad en el otro. La finalidad de la crítica debe ser ayudar al otro a ser mejor. Por eso, no pedir imposibles; ni hablar con vaguedades que no concretan lo que debe cambiar; ni en plan exigente, sino sugiriendo. Y en el momento oportuno. Una crítica a destiempo es perjudicial, o, por lo menos, inútil.

Es necesario, a todo precio, vencer el mal humor y, para conseguirlo, cultivar el arte del perdón recíproco. Que no se tema ir demasiado lejos en este sentido, porque si es peligroso perdonar demasiado, mucho más peligroso es no perdonar lo suficiente. De tener que elegir entre los dos excesos habría que optar sin titubeo por el primero; porque un exceso de bondad sólo pude servir al amor, mientras que, por el contrario, éste no podría sobrevivir a una negativa del perdón. En la vida conyugal es donde tiene más aplicación la respuesta de Cristo: hay que perdonar setenta veces siete. Es decir, siempre! Solamente en la medida en que el uno y el otro hagan de esta ley cristiana norma de su vida cotidiana florecerá la comprensión en la vida común. Cualquier otra orientación sólo puede acarrear endurecimientos y choques que acabarán por destruir la felicidad.
Para que la vida en común sea bella, para que sea armoniosa y reine en ella la alegría, para que el amor sea fácil, es preciso que marido y mujer se traten con toda caridad, concediéndose recíprocamente un perdón renovado sin cesar.
Cuando tengas que reprender a tu cónyuge, no lo hagas con reproches duros, que suelen motivar reacciones violentas. Es preferible una suave sugerencia que facilite la disculpa, el acuerdo, la avenencia. Con mucha frecuencia en el origen del enojo está el orgullo. Algunas torpezas inconscientes y repetidas traen como consecuencia que la mujer ofendida se refugie en una protesta silenciosa. Se encierra en sí misma, negándose a avanzar por el camino de la comprensión. No admite el perdón.
Pensando que ha iniciado ella demasiadas veces los pasos de la reconciliación, se repliega ahora a la defensiva y manifiesta su protesta con una terquedad irreductible.

No posee ella, sin embargo, el monopolio del malhumor. Hay que reconocer que el hombre, a su vez, lo utiliza con frecuencia, impulsado también por el orgullo. En él también, puede triunfar la fobia a dar el primer paso. Ésa es la manera mejor de hacer la vida común insostenible. El triunfo de la terquedad, del orgullo, y malhumor, actúa sobre el amor como un cáncer. Muchos de los fracasos matrimoniales se deben a la falta de comunicación. Porque la mujer no encuentra en el marido atención a lo que ella necesita comunicar.
Muy cercana al malhumor está la taciturnidad. Es un estado de espíritu en el cual no se encuentra nada que decir. Este defecto es, la mayoría de las veces, patrimonio del hombre. Aun no siendo siempre consecuencias de mala voluntad, no por ello debe dejar de ser corregido. Hay maridos que no comprenden que imponen así a su mujer un verdadero suplicio. A lo largo de todo el día, ella no tiene nadie con quien hablar. Cuando llega el marido, siente una necesidad muy comprensible de comunicarse con él. Pero éste cansado y rendido, no se encuentra con ganas de conversar. Se atrinchera tras el periódico o se dedica a la televisión. Cuando esto se repite con regularidad llegan a ser extraños entre sí. Están al borde del fracaso. El marido debe hacer un esfuerzo para salir de sí mismo y dedicar a su esposa una atención parecida a cuando era su novia. Hay que conseguir que en el hogar brille la alegría. Es la mejor salvaguardia del amor.
En el matrimonio no basta coexistir, hay que convivir. Y esto no es posible si no tienen nada en común. Hay que compartir gustos, ideas, valores. No basta que los cuerpos estén juntos, si las almas están separadas. Para la armonía matrimonial es fundamental la comunicación.
 

¿Cómo hacer fracasar un matrimonio?
1.      Abandonar las muestras de amor al otro cónyuge.
2.      Dejarse llevar del amor a tercera persona.
3.      Supervalorar los defectos del otro cónyuge.
4.      Contestarle mal y alzarle la voz.
5.      Prolongar los pequeños enfados, mantener la mala cara y ser difíciles para perdonar y pedir perdón, cuando sea necesario.
6.      Desinteresarse de las cosas del otro.
7.      Despreocuparse de hacerle feliz.
8.      Molestarle continuamente.
 
Para salir del conflicto matrimonial:
1.      Tomar conciencia del problema. Nada se resuelve si no se conoce su existencia.
2.      Que los dos quieran resolverlo.
3.      Buscar las causas que lo han originado.
4.      No echarse la culpa mutuamente.
5.      Perdonar: pedir perdón; ofrecer perdón.
6.      Partir de lo que los une, y apoyarse en ello.
7.      Buscar posible solución.
8.      Diálogo: Ponerse a hablar. Preguntarse, qué nos pasa?
9.      Escuchar. Aguantar. Tolerar.
10.  Buscar ayuda en tercera persona (amigo, consejero, sacerdote); pero no para que nos de la razón nosotros.

La felicidad del hogar no puede buscarla cada uno independientemente del otro. Ha de ser felicidad de los dos al mismo tiempo.El amor es un encuentro interpersonal de un «yo» con un «tú» para formar un «nosotros».
El auténtico amor no busca que la otra persona le haga feliz a uno, sino que uno busca hacer feliz a la otra persona, y en hacerla feliz encuentra su propia felicidad.
La felicidad conyugal es una conquista diaria. Fuego que no se alimenta, se apaga. Lo mismo ocurre con el amor Exige a uno y otro un empeño continuo para bien de la pareja y del hogar. No siempre es fácil comprenderse. Hace falta cierto esfuerzo para salir de sí mismo y encontrar el camino de la armonía.
Amar es, ante todo, buscar el bien del otro. Extremar la delicadeza en todo momento, la higiene íntima, los modales educados. La grosería, el descuido, la indelicadeza, la suciedad, llevan al fracaso matrimonial. La mayor intimidad exige el máximo cuidado en la persona y en los actos, si no se quiere labrar la propia desgracia, destrozando afectivamente el matrimonio.

Los esposos deben esforzarse en corregir sus defectos y mejorar su carácter para ir amoldándose el uno al otro y congeniar lo más posible. Hay matrimonios que, después de muchos años, se quieren más que en sus primeros tiempos, precisamente por el mutuo perfeccionamiento conseguido con este continuo vencimiento para hacerse mutuamente felices. Si quieres evitar muchos disgustos en el matrimonio, busca complacer y hacer feliz a tu cónyuge antes que tus gustos y comodidades.
Cuando los dos esposos procuran complacerse mutuamente, por encima de los intereses y gustos particulares de cada uno, el matrimonio es mucho más suave.


Mujer, para tu armonía matrimonial:

  1.  Acepta a tu marido como es.
  2. Admíralo en sus valores. Un hombre se siente feliz al verse admirado por su mujer. En cambio una de las cosas que más le humilla es ver que ella le desprecia. El desprecio mata el amor.
  3. Adáptate a su vida y no intentes que la cambie por ti. 

Para procurar la felicidad de tu esposo, debes caer en la cuenta de que su psicología es muy distinta de la tuya. La clave de la psicología masculina está precisamente en el predominio de las facultades de acción (razón y voluntad) y en el desarrollo menor de la sensibilidad. Desde la edad juvenil se manifiesta esta propensión masculina a la acción, y frecuentemente, a la acción violenta.
El chico de tipo corriente se apasiona por los deportes, juegos violentos, etc.
El hombre ya hecho, tiene también necesidad de trabajar, organizar, construir. Puede pasar durante el noviazgo o los primeros meses de casado, por un período en que el amor lo ocupe todo. De ordinario esto no le dura mucho tiempo. Un hombre, verdaderamente tal, que pueda vivir del amor, no existe. Una mujer no puede ser más feliz que si se entrega a seres de carne y hueso. El hombre no tiene más dicha que cuando se entrega a los negocios, a la actividad, a una obra, sin que esto excluya su dedicación a la familia.
Por eso debes comprender esta necesidad de acción de tu marido. Y no debes asombrarte de que tu marido no piense tanto en ti, como tú piensas en él o en tus hijos. Todo hombre se vuelve hacia la actividad exterior. Es feliz cuando construye, crea algo. La mujer no desenvuelve su verdadera naturaleza más que cuando se entrega a un gran amor, y puede sacrificarse por los seres a quienes ama. No exijas a tu marido una delicadeza y una ternura que a él no le va.

Los hombres son más fáciles a expresar su desagrado que su satisfacción. Tú procura hacer bien todas las cosas. Pero no esperes una alabanza de tu marido por ello. Él está acostumbrado a que en su trabajo no se le suele felicitar por lo que está bien hecho. Eso suele ser lo normal. En cambio se le reprende si algo no está bien.

Fácilmente él emplea la misma táctica en casa. Es lógico que a ti te gustaría que te agradezca el esmero que pones en tus cosas. Pero a él, ni se le ocurre. No lo lleves a mal. Es el modo de ser del hombre. La esposa debe ayudar al marido a que vaya conociéndola cada vez mejor descubriéndole cada vez más el alma femenina: sus anhelos íntimos, sus quejas, sus ilusiones, lo que le duele, desanima o humilla, lo que espera o desencanta de él.

Hay peligro de que la madre, por desvivirse por los hijos, abandone las atenciones de su marido, y que no tenga su ropa, comida, etc., a su gusto. Tampoco debe la esposa perder la disponibilidad a los deseos amorosos de su marido: una joven planchaba la ropa del recién nacido cuando fue requerida amorosamente por su marido:
 Espera un poco a que termine. Cuando hubo terminado de planchar y de ordenar la ropa del niñito, y guardado la plancha y el tablero, etc., etc., quedó decepcionada al ver el desinterés con que era recibida por su marido, enfrascado ahora en una interesante novela policíaca, y a quien se le había pasado el momento.Tu marido quiere que necesites de su amor. Disfruta, si tú disfrutas con él. Procura conseguirlo y decírselo. Le llenará de satisfacción.
Puede ocurrir que tu amor no sea tan apasionado como el suyo; pero siempre puedes mostrarte cariñosa y complaciente. No es el momento de hablarle de temas que nada tienen que ver con este asunto. Cuando tengas que negarte, hazlo con delicadeza. Que quede bien claro que no lo rechazas a él, que estás deseando complacerle, pero en otro momento.

El hombre es consciente de su fuerza física en contraposición a su esposa. Y no es haciendo prueba de fuerza como la esposa obtendrá algo de su marido, sino tomándolo en el momento oportuno por la ternura. La mujer es débil ante el marido cuando pretende usar la fuerza; es fuerte y omnipotente sobre él cuando obra por la ternura. Dulzura, paciencia y tiempo hacen más que fuerza y rabia.
Para saber interpretar diversas actitudes de tu esposo, te conviene saber que el hombre es más amigo de sus comodidades y de su bienestar, que la mujer. Es sensual en todo el sentido de la palabra. La mujer sacrifica regularmente sus comodidades a su vanidad. Es capaz de hacer grandes sacrificios para estar bella. El hombre, por el contrario, sacrifica alegremente su vanidad a sus comodidades: se quita la corbata, o crea modas que la suprimen; se pone en mangas de camisa, se instala cómodamente en el mejor sillón, ronca allí. Y no se molestará en echar la ceniza dentro del cenicero... Con gusto se hace servir. Es exigente, le gusta que le dejen en paz.


Si tu marido va a salir contigo, no le hagas esperar.Aparte de estos rasgos comunes a todos los hombres, aunque, claro está, no hay regla sin excepción, descubrirás en tu marido defectos insospechados o por lo menos de un amplitud que no sospechabas.
Ante estos defectos puedes adoptar tres actitudes: rebelarte, lamentarte, adaptarte.

  • Rebelarse es suscitar discusiones, choques, escenas y provocar la crisis del matrimonio.
  • Lamentarse causa desaliento, tristeza. Y en consecuencia estarás menos atenta al gobierno de la casa, y te desinteresarás de tu papel de esposa. Tu marido, menos feliz, se desviará del hogar; la alegría se marchitará y el matrimonio caminará por otras vías, hacia una crisis.
  • Adaptarse, amoldarse, renunciar a corregir lo que no es corregible, y llevarlo con paciencia. Con dulzura y paciencia inducir a tu marido a corregir, por agradarte, lo que es corregible. Hay que ser comprensiva.Sométete a él con dulzura y de buena voluntad. No olvides que el esposo es el jefe de la familia.Dice San Pablo: «Mujeres, obedeced a vuestros maridos».


Para que el matrimonio vaya bien es necesaria la comunicación. Para ello:

  1. Saber escuchar: Mientras te habla deja de hacer otra cosa al mismo tiempo. Aunque creas que ganas tiempo, pierdes comunicación. Dedícale una atención total, aunque eso te lo haya contado ya muchas veces. El marido necesita la admiración de su mujer, y esto no es posible si no le escuchas con atención. Si mientras te está contando algo, que él considera un éxito en su trabajo, le interrumpes para preguntarle si te ha hecho tu encargo, le haces polvo. Le muestras que no te interesa lo que te cuenta. 
  2.  No le des órdenes. Sólo consejos y con muchas delicadeza: «Si te parece...»; «Si tú crees que...»; «Si puedes...». Todo marido normal huye de la mujer mandona y regañona. No seas regañona ni mandona. Un marido contestó a su esposa: «Deja ya de mandarme. Soy tu marido, no tu hijo».
  3. Nunca le ridiculices ni digas nada que suponga poco aprecio de él. Todo lo contrario: cuando sea oportuno di algo a los demás, delante de él, que exprese la admiración que sientes por él.
  4. Interésate por los temas que apasionan a tu marido. Así podrás hablar con él de sus aficiones. Seguro que te lo agradecerá.
La casa debes tenerla siempre agradable, limpia, acogedora. Que tu marido tenga un sillón cómodo en el que pueda descansar a gusto de la jornada de trabajo. Y no le estés fastidiando a todas horas para que no te ensucie el suelo, para que no tire la ceniza del cigarrillo, para que no deje las cosas por medio, etc. Con todo esto espantas a tu marido de la casa. Ya se sabe que los hombres son muy descuidados, y conviene que al menos en casa se encuentren a gusto. Lo que hagan de buena gana, bien. Pero no conviene atosigarlos.
Si el esposo se encuentra a gusto en casa no se irá a buscar en otra parte lo que ya tiene en su propia casa. La mujer que aprecia a su marido, se interesa por sus cosas, es su apoyo y su descanso, se esfuerza por comprenderle y hacerle la vida agradable, tiene un arma poderosa contra la infidelidad.
Esto aumentará el amor de tu marido mucho más que un vestido nuevo o un peinado maravilloso; aunque esto también debes hacerlo. Cuando una mujer ama a su marido, todo lo que sea preparar el hogar para él es una expresión de su amor. Al amor no le importan los sacrificios. Precisamente se expresa con el sacrificio. Lo que hace que el hogar sea un paraíso o una cárcel, es que haya o falte el amor.
Acepta a tu marido como es, y no te empeñes en cambiarlo a tu gusto: fracasarás y lo alejarás. Te has ligado para toda la vida. Ya has escogido. Tu misión no será escoger a quien agradar, sino agradar a quien has escogido.
Resumiendo todo lo dicho, he aquí una normas para tu vida como esposa y madre: Serás una celosa y prudente administradora. No permitas lujos que tu posición no te admita. Tampoco pasarás la vida protestando porque los cortos ingresos de tu marido te impiden competir socialmente con amigas tuyas.
Colaborarás con tu marido todo lo que puedas. Siempre debes estar dispuesta a ayudarlo en la tarea dura de sostener la casa. En los momentos difíciles, harás los sacrificios que se relacionen con tu persona en bien de la economía doméstica. Cuando tu marido vuelva del trabajo de mal humor, no se lo empeores con tus imprudencias. Intenta suavemente que se desahogue contigo; pero si no quiere hacerlo, no le molestes; déjale en paz. Tu contemplación silenciosa será lo que más le tranquilizará.
Amor silencioso: ni intromisión inoportuna, ni fría despreocupación, que le alejaría de ti.
No le darás demasiada importancia a tu propia familia, ni le darás demasiada poca a la de tu esposo. Aunque ames a los tuyos como siempre y te encante visitarlos frecuentemente, tendrás presente que el primero y más grande amor de tu vida es tu marido. No amargues la vida de tu esposo manteniendo relaciones tirantes con su familia. A sus padres, míralos como si fueran los tuyos. Nunca hables mal a tu marido de su familia, y menos de su madre.

 
Decálogo de la esposa:
  1.  El hogar será lo que tú hagas de él. Ésa debe ser la gran obra de tu vida.
  2. Te corresponde la administración inmediata de los bienes. Sé previsora, prudente y con gran sentido común.
  3.  Que tu buen gusto y tus desvelos -más que tu dinero- hagan del hogar un refugio acogedor para cuantos constituyen tu lia.
  4.  Procura seguir siendo siempre la novia de tu marido. Y que ello se note tanto en tus palabras como en tu presentación.
  5.  Jamás olvides que antes que tus mismos hijos -y por supuesto tus padres- está tu esposo.
  6. Que tus palabras, tu alegría y tu sosiego sean alivio y descanso para cuantos constituyen tu hogar, o se acercan a él.
  7. Tu primer deber hacia tus hijos se llama ternura. Sobre ella, como base, te será fácil ir ejercitando, a una con tu marido, ese arte difícil y delicado que se llama educar.
  8. No grites, ni pierdas los estribos. Te harás obedecer mejor si dices a tus hijos las cosas con calma.
  9. Pon especial cuidado en el orden y administración del hogar: en las horas de las comidas, y en la prudente economía.
  10. Finalmente, si tienes la dicha de tener fe, busca tu apoyo en Dios, pues en Él encontrarás siempre la fuerza y la gracia que necesitas para llevar adelante tu hermosa misión en la vida.
     
Decálogo del esposo:
  1. Soluciona tu vida -al menos en lo fundamental- antes de constituir una familia.
  2. Tu trabajo es importante, pero que no te absorba dé tal modo que te robe un tiempo que debes a los tuyos.
  3. El buen humor, la permanente serenidad de espíritu, es el regalo más valioso que puedes ofrecer a tu esposa y a tus hijos.
  4. Tu esposa debe ser tu mejor amiga y compañera. Y has de tener hacia ella las mismas atenciones, al menos, que tenías cuando era sólo tu novia.
  5. Respeta su campo de trabajo. Pocas cosas hay tan ridículas y perjudiciales como un marido quisquilloso y entrometido en lo que es propio de su mujer.
  6. Si tu esposa está en condiciones de ejercer una profesión -salvando el cuidado del hogar- permíteselo.
  7.  En relación con tus hijos, no olvides que el educar es un arte. Arte difícil y delicado, integrado por un poco de ciencia, mucho de buen sentido y, sobre todo, mucho de amor.
  8. El ejemplo es la clave de la educación. Gánate con tu proceder el respeto y la obediencia.
  9. Sé muy hombre en todo, pero ten presente que esto es perfectamente compatible con las muestras de afecto que los tuyos necesitan.
  10. Y si tienes la dicha de ser creyente, que Cristo sea la luz y la alegría de tu vida en el cumplimiento de tus deberes de padre  esposo. 
MATRIMONIO.
Sacramento: El matrimonio es un sacramento en el cual -contraído según las leyes de la Iglesia- por el mutuo consentimiento de los contrayentes, expresado legítimamente con libertad y sinceridad, se les concede la gracia para santificar su unión conyugal y para cumplir bien los deberes matrimoniales, como son: la armonía conyugal, la fidelidad del corazón, el control de la concupiscencia, el dominio de carácter, ayuda y consuelo mutuos, la educación de los hijos, el sostenimiento del hogar, etc.La gracia no realizará de ordinario milagros, cuando las condiciones para un amor serio y auténtico han fallado en su base; pero puede evidentemente potenciar y robustecer el amor humano para que supere sus propias debilidades y deficiencias. El matrimonio, más que un frío contrato, es una alianza, una comunidad de vida y amor, una convivencia en la que la procreación, siendo algo muy importante, no tiene finalidad primordial. El amor y la mutua ayuda no pueden relegarse a segundo plano. «El matrimonio constituye una íntima comunidad de vida y de amor conyugal».  
El amor entre el hombre y la mujer es algo natural.
Llega un momento en que un hombre y una mujer se aman, deciden entrar en una comunión estable de vida y amor, para llegar a formar una familia. A esta comunión de vida y amor se le llama matrimonio. En el matrimonio los esposos entran libremente, pero ninguno de los dos, ni por separado ni de común acuerdo, pueden romperlo. El Divorcio: alguno aspectos Que el divorcio lo pagan los hijos es una verdad que pone de manifiesto el estudio realizado por Martin Richards que dirige el Centro de Investigación de la Familia de la Universidad de Cambridge, que ha realizado un ambicioso estudio sobre el desarrollo psico-social de diecisiete mil niños británicos. La conclusión es demoledora: a los hijos de los divorciados les va mucho peor en la vida. Una estadística publicada por el Tribunal de Menores de Chicago afirma que el 80% de los menores que comparecen ante este Tribunal, son hijos de divorciados. Según un reportaje del semanario «Newsweek» del 11-II-80, en Estados Unidos hay doce millones de menores de dieciocho años hijos de divorciados, y según él «Uniform Crime Report»(1976) de los menores procesados por delitos comunes en Estados Unidos, el 82% son hijos de divorciados. Los hijos son las terribles víctimas del divorcio. Quedan con el corazón destrozado, la idea de la familia equivocada, y siempre con una educación fracasada. «Los hijos de los divorciados son huérfanos de padres vivos»(Dr. Carnot). Los hijos de los divorciados son más huérfanos que los verdaderos huérfanos; pues éstos, al menos, pueden vivir de un recuerdo y guardar a sus padres difuntos todo su respeto y todo su amor. Armonía matrimonial: Los casados deberían examinarse con humildad y lealtad para ver si deben corregirse de algún defecto que obstaculice la armonía matrimonial.

Pocos matrimonios habrá en los que alguna vez siquiera no haya habido un disgusto serio. A veces los disgustos son frecuentes. Las causas pueden ser muchas: orgullo, egoísmo, frivolidad, obstinarse en querer tener siempre la razón, sensualidad desenfrenada, sensibilidad exagerada, palabras imprudentes, celos enfermizos, desorden negligente, etc. Rara vez la culpa será de uno solo. Un silencio cariñoso, el saber ceder con prudencia, el explicarse con calma, el olvidar cristianamente, etc., ayudan a pasar por encima de muchas dificultades. Los pequeños disgustos, al prolongarse, pueden terminar en algo grave. Lo mejor es acabar con ellos cuanto antes, con un poco de humor, espíritu de conciliación y capacidad de olvido.
Al cabo del tiempo puede que un día aparezca la decepción del cónyuge.

Evitar toda palabra descalificadora: Eres inaguantable. No se puede vivir a tu lado. Ya no te aguanto más. No te soporto. Que sea la última vez. Tu actitud es inadmisible. Etc., etc.
Nunca expresar a tu pareja tus sentimientos de agresividad. Para desahogarte podrías escribirle una carta manifestándole todos tus sentimientos. Pero una vez escrita, la rompes. No se la entregues. Ya te has desahogado.
El amor matrimonial no excluye los conflictos. Pero hay que solucionarlos. Aclarar las cosas sin herir. Más que buscar culpables, hay que buscar soluciones.En esos momentos es muy importante la comunicación mutua. Quizás preguntarle: ¿En qué te he decepcionado?. El amor, como las plantas, hay que regarlo para que florezca. Si no lo cuidas, terminará por secarse.A veces puede surgir el deseo de buscar fuera del matrimonio una compensación, que puede ser desde una santa ocupación hasta el adulterio. Ni siquiera la atención a los hijos puede justificar la desatención a la pareja. Aunque puede ser perfectamente compatible con la armonía conyugal una actividad en servicio de los demás.
Hay que procurar siempre, con prudente habilidad, que las disensiones - a veces inevitables - no se prolonguen. Si no se pone a tiempo remedio se producen heridas muy profundas. El desacuerdo serio y continuado en el matrimonio es una de las mayores cruces de la vida terrena.
Conviene saber llevar la cruz del matrimonio sobrellevando mutuamente las deficiencias de carácter, defectos, etc. En el matrimonio no todo es disfrutar. Está hecho también de comprensión y renuncia: Conocerse y animarse, comprenderse y perdonarse.
 

Conviene no olvidar que el hombre es muy distinto de la mujer.

El hombre y la mujer son iguales ante la ley por tener la misma dignidad personal, pero son distintos corporal y psíquicamente, para poder complementarse. Por eso la mujer que no tiene feminidad es un marimacho, y el hombre sin masculinidad, una damisela.
Las diferencias fisiológicas entre el hombre y la mujer llegan hasta el cerebro.
Eso de que las diferencias de modo de ser entre hombre y mujer sean consecuencia de la educación recibida, no es cierto. Es verdad que la educación influye en el modo de ser, pero hay una base en la naturaleza. Lo mismo que fisiológicamente el hombre no puede dar a luz un hijo, psicológicamente la mujer está dotada de unas cualidades propias de la maternidad, que el hombre no tiene. La ternura femenina para con el niño es algo muy distinto de lo que el hombre es capaz de dar.
La mayoría de los hombres es capaz de tener una vida sexual sin amor; en cambio la mayor parte de las mujeres sólo son capaces de entregarse a un hombre cuando lo aman.
El hombre es más carnal, la mujer más tierna; el hombre debe saber que ella no encuentra placer en el amor físico, sino a través del amor psíquico.
La mujer es más detallista, el hombre mira las cosas en síntesis. Al hombre le gusta conquistar, a la mujer ser conquistada; a la mujer no le importa ser dominada por la fuerza, el hombre prefiere ser dominado por el cariño. La mujer ha nacido para amar y el hombre para luchar.
 

No exclusivamente, pero sí preferentemente.


El hombre se manifiesta, sobre todo, por su carácter activo, emprendedor, creativo; la mujer, más bien, por su carácter acogedor, receptivo. Hasta la constitución física, de alguna manera, está moldeada para expresar esta diversa manera de estar en el mundo.
El hombre razona, la mujer intuye. El hombre es más cerebral, la mujer más cordial, más sentimental: incluso puede dejar que los sentimientos influyan en su razón. El hombre se preocupa más de las cosas, la mujer de las personas. El hombre tiene tendencia a lo universal, la mujer a lo concreto. El hombre se interesa más por las ideas, la mujer por los afectos. El hombre quiere que lo valoren, la mujer que la amen.  

El hombre vence por la fuerza, la mujer por la lágrimas. 

La mujer se deja dominar por los sentimientos mucho más que el hombre.Mientras ella manifiesta sus sentimientos fácilmente, el hombre suele sentir pudor en manifestarlos: por eso es frecuente que los oculte. La mujer ama y sufre con más intensidad que el hombre. Por eso cuando odia es temible: su maldad, su espíritu de venganza y su ingenio para hacer daño son terribles.La lógica en el hombre es reflexiva, en la mujer intuitiva. El hombre que tropieza con lo imprevisto, se desorienta y tiene que estudiar de nuevo el asunto. La mujer, en un caso similar, emplea la lógica de la adaptación o mutación. Este discrepancia matrimonial parece que les aleje al uno del otro. El hombre debe imponer su criterio razonadamente, sin humillar a su mujer; la mujer, con intuición, debe ayudar a su marido procurando aunar opiniones. La felicidad matrimonial se consigue no mandando ni el uno ni el otro, sino obedeciendo los dos.La imaginación y sensibilidad es más acusada en la mujer. En el arreglo del hogar lo demuestra. Su gran sensibilidad hace que lo nimio la haga feliz o la haga llorar. Cosas al parecer insignificantes para el hombre, a la mujer le producen gran disgusto.
La mujer es fácilmente feliz con ilusiones pequeñitas, detalles, delicadezas, etc.
El hombre generalmente le da menos importancia a todo esto, y vive más las grandes ideas de la fe, de la política, de los negocios, etc.La imaginación masculina es de ideas y, por lo tanto, es intelectiva; menos expuesta a error por apoyarse en la realidad y no en el sentimiento, que es lo propio de la mujer. Esta discrepancia a veces produce disgustos. El hombre debe comprender a la mujer y apreciar sus sentimientos.
El juicio de la mujer es más rápido, y juzga según odie o ame; en cambio, el hombre juzga después de madura reflexión. Esta divergencia puede conducir a que la mujer considere al marido demasiado calculador, y él a su mujer ligera y alocada. Sin embargo, no debe el marido despreciar el juicio de su mujer, pues ella capta detalles que el hombre desprecia y pueden conducir al fracaso. Estas discrepancias las impone la diferenciación sexual; y el milagro del matrimonio presidido por el amor hace que se adivinen los pensamientos. La mujer aceptando lo que el hombre dice. El hombre comprendiendo lo que la mujer quiere decir. Ella es dichosa si el marido adivina sus deseos.

La diplomacia con que Dios ha dotado a la mujer puede emplearla siendo el ángel tutelar de su marido, pero sin que se resienta su orgullo de varón. La propia estimación del hombre es lícita, pero con exageración caería en un salvaje egoísmo; cualidad ésta que usada ponderadamente hace que la mujer se sienta protegida con sensación de paz y seguridad. La mujer es feliz si lo son los que ella ama. El deseo de agradar es innato en la mujer. Ella va a la conquista del hombre. En esta actitud debe continuar toda su vida matrimonial. Ello será un medio para que el marido conserve su castidad. El amor conyugal es mixto, con tres factores: primero, amor sensible; segundo, amor espiritual y, tercero, amor sobrenatural. El sensible es el que acerca los dos sexos y cumple la función sexual del débito matrimonial. El espiritual valora las cualidades anímicas y desea para el ser amado el mayor bien, entregándose a él en cuerpo y alma. El sobrenatural ofrece nuestro amor para la propia santificación y hace la continuación de nuestra propia vida en nuestra descendencia con miras a la eternidad. La felicidad matrimonial no se logra aturdiéndose con fiestas y riquezas, sino con el hogar ordenado, el cariño de los hijos y la paz en el alma de ambos cónyuges, dejando las adversidades y alegrías en manos de Dios.El hombre es estable, la mujer voluble. Ya lo dijo Virgilio en la Eneida (IV, 559) la mujer es variable y tornadiza. Y también Verdi en su famosa ópera Riggolletto (Acto IV,4 ): la donna ´e mobile: la mujer es variable. Tan mudable que muchas veces ni ella misma se entiende. Como está hecha para la maternidad su psicología está afectada por los cambios fisiológicos del ciclo reproductor. La pérdida periódica de sangre la debilitan. Psíquicamente busca el apoyo del hombre.

La protección del hombre le da seguridad. Le gusta el hombre fuerte, varonil. No sólo físicamente, sino también espiritualmente.Muchos matrimonios fracasan porque se han contraído con ligereza y frivolidad; sin conocerse y sin amarse. Por sólo apetito sexual. Y esto no basta para hacer feliz un matrimonio. Otros fracasan por inmadurez. Se casan sin estar preparados para la unidad matrimonial, sin haberla siquiera entendido. Siguen dentro del matrimonio viviendo su individualidad, y los casados deben vivirlo todo «con y para» el otro.Para que un matrimonio vaya bien, hace falta la colaboración de los dos; pero para hundirlo, basta con uno.
El matrimonio no es un contrato de servicios sino una comunidad de vida y amor, como dice el Concilio Vaticano II.
La huida de todo sacrificio quita al amor el sello de su autenticidad. Cuando vaya pasando el tiempo de tu matrimonio, encontrarás en tu cónyuge defectos de carácter que no advertiste en el noviazgo. No se los eches en cara de una manera desagradable. Eso sería contraproducente. Tampoco los consideres como de gran importancia. Es preferible que atiendas las virtudes que te movieron a elegir esa persona para unirte en matrimonio, y que sirven de contrapeso. En este mundo nadie es perfecto, y hemos de resignarnos a sobrellevar los defectos de nuestros prójimos. Procura portarte como si fuera tal como tú deseas. Esto le ayudará a que llegue, a la larga, a ser como tú deseas.
Durante el noviazgo sólo se ven las buenas cualidades de la persona a quien se ama. Con los defectos hay mucha indulgencia. En cambio de casados ocurre al contrario: hay cierta tendencia a olvidar las buenas cualidades y a aumentar los defectos.
El orgullo desempeña un papel muy importante en las disputas matrimoniales. El remedio es la humildad, reconocer los errores y dar explicaciones aprovechando un rato de calma. Y si se domina el buen humor es un modo magnífico de terminar muchas disputas. Las dificultades conyugales son menos graves de lo que parecen, y pueden superarse con buena voluntad.
Supongamos dos esposos que después de algunos años de convivencia se encuentran en plena discordia, pero de tal modo exasperados y furiosos que quieren separarse lo antes posible y a costa de lo que sea. Al principio estaban muy contentos, se consideraban felices; ahora, en cambio, maldicen el día en que se casaron. ¿Cómo ha sido eso? Los dos tienen defectos, pasiones, errores, pero, quién no los tiene? Cuántos tienen los mismos defectos que ellos, o acaso más, y sin embargo viven en paz! ¿Qué es lo que les ha conducido a la infidelidad y a la ruina?

El esposo, algún tiempo después del matrimonio, ha comenzado a darse cuenta de las lagunas y defectos de su esposa, y esto le ha disgustado y le ha irritado.Bondadosamente, le ha hecho notar estas cosas, pensando que su mujer se enmendaría pronto de sus defectos. Le parecía tan sencillo y tan fácil! Pero ella no se ha corregido... Entonces la atención del marido se ha centrado más y más sobre las faltas y errores de ella, con lo que su desagrado, y luego su mal humor, han ido en aumento. Parecíale que ella no tenía buena voluntad y no le amaba, pues nada cambiaba su conducta, ni su modo de hacer; lo cual cada vez le disgustaba, irritaba y hería más vivamente.
Pero también el marido tenía lagunas, defectos, errores; y la mujer en ese mismo tiempo ha fijado su atención en ellos, y se ha desarrollado en su alma un drama igual al que se producía en el ánimo del marido. Pensaba que él pretendía mucho de ella y no se preocupaba de cambiar ciertas maneras suyas que la ofendían y amargaban. Hubiera costado tan poco!... Y así llegaron a donde llegaron.
Algún juez imparcial dirá inmediatamente que la conducta de los dos ha sido estúpida, y ambos han sido los autores de su desdicha. Si cada uno de ellos, en lugar de atender a los defectos y agravios del otro, en lugar de emperrarse en la pretensión de que el otro se corrigiera, hubiese observado sus propios defectos y se hubiera esforzado en quitar de sí lo que disgustaba al otro, habrían vivido en paz y la buena armonía se habría consolidado cada vez más. Ésta era la única conducta práctica razonable; era también la única cosa que cada uno podría hacer, ya que no tenía ningún poder sobre la voluntad del otro. Pero no han hecho lo que podían; han pretendido cada uno que fuese el otro el que lo hiciese, y así han llegado a ser desgraciados.
En este proceso de mutua "domesticación" que tiene que sufrir todo matrimonio, es esencial, por una parte, la constancia y, por otra, la mutua delicadeza. Nada de impaciencia con los defectos del otro; mucho tacto y, sobre todo, no restregárselo con dureza, ironías o ridículos.
Las moscas no se cazan con vinagre. Tampoco tratéis de rehacer el otro a vuestra imagen y semejanza. Por parte de cada uno de vosotros, el esfuerzo debe ser contrario: no tratar tanto de rehacer al otro, cuanto de adaptarme al otro.
La mayor parte de los conflictos en el matrimonio son causados por falta de mutua adaptación. Para que el matrimonio progrese los dos deben remar en la misma dirección. Si cada uno rema en sentido contrario, la barca girará sobre sí misma. Quien no esté dispuesto a adaptarse al otro, más vale que no se case. Sin esfuerzo de mutua adaptación, el matrimonio no hay quien lo aguante. El continuo choque de opiniones, deseos, planes, gustos, etc., convierte al matrimonio en un infierno.
Es posible que no coincidáis en gustos, planes, deseos, etc. Pero si quieres a la persona, de buena gana aceptarás lo que ella prefiera. Cuando los dos quieren dominar, el choque es inevitable.Cuando los dos quieren adaptarse, la armonía es maravillosa. El Dr. Vallejo- Nájera dijo por Televisión Española que la raíz de muchos matrimonios desgraciados es porque esperan demasiado del otro y quedan defraudados.
Exigir del otro que se adapte, que procure mejorar su personalidad, querer que luche contra sus defectos y consolide sus cualidades, bien está. Pero exigir que eso se realice enseguida, y que la transformación sea inmediata, sería nefasto. Se obligaría entonces al cónyuge a contentarse con cambiar las apariencias, se le conduciría a adoptar unas actitudes que serían forzosamente superficiales; el resultado no tardaría en manifestarse con un retorno a las costumbres antiguas y un mutuo desengaño. Si hay algo que debe evitarse es eso.

 

Más vale proceder gradualmente, contar con el tiempo y obtener resultados ciertos.

Esta paciencia será sin discusión, una de las formas superiores del amor y un testimonio irrecusable de desinterés. Saber esperar a que el cónyuge logre superar sus defectos, animándole sin hostigarle, ayudándole sin desquiciarle, éste es uno de los primeros pasos en el camino del acuerdo de las personalidades. Este acuerdo se efectuará con tanta mayor seguridad cuanto con más calma se proceda. Excitarse no servirá de nada; Lo más que se conseguirá es exasperarse uno mismo y exasperar al otro. En tal ambiente, el acuerdo, en vez de progresar, retrocedería multiplicando los roces y exacerbando los choques. Todo esto no quiere decir que se encierre uno en la pasividad esperando que el cónyuge se decida de una vez, a realizar un esfuerzo para adaptarse, sino que significa que al exigir de él unas manifestaciones de buena voluntad, se impondrá uno a sí mismo una paciencia a toda prueba, respetando el curso del tiempo y contando con la lentitud normal de toda evolución humana.


Saber repetir una corrección. Repetirla sin dejar traslucir que está uno harto y a punto de estallar.Repetirla, por el contrario, con incansable afabilidad, con una pizca de buen humor, pero nunca fuera de tiempo. Dominar esta impaciencia, esta precipitación, e imponerse contar con el tiempo. Esperar que poco a poco se efectúe la evolución requerida. El tiempo destruye siempre lo que se hace sin él. En toda observación evitar las palabras agrias; en toda crítica, evitar las palabras ultrajantes; en todo reproche, evitar la aspereza;  tales son las condiciones que se requieren previamente para el acuerdo conyugal. Éste no puede realizarse más que en un clima en que el afán de comprensión recíproca sea evidente. Este ambiente se creará si de una parte y de otra se emplea la destreza necesaria para hablarse con provecho. La preocupación por proceder con tacto conducirá a no hablar nunca bajo el efecto de la emoción violenta que acompaña habitualmente a la primera reacción. Le sucede a nuestro espíritu lo que al agua: cuando ésta se enturbia ya no se puede ver nada en ella; hay que dejarla reposar para que recobre su limpidez.
La crítica mutua en el matrimonio es buena y ayuda a mejorar. Pero debe ser una crítica que nace del amor y se hace con amor. No una crítica-reproche que molesta al otro. Éstas son inútiles y perjudiciales, porque deterioran la convivencia. Una crítica que es un desahogo de la agresividad, produce agresividad en el otro. La finalidad de la crítica debe ser ayudar al otro a ser mejor. Por eso, no pedir imposibles; ni hablar con vaguedades que no concretan lo que debe cambiar; ni en plan exigente, sino sugiriendo. Y en el momento oportuno. Una crítica a destiempo es perjudicial, o, por lo menos, inútil.

Es necesario, a todo precio, vencer el mal humor y, para conseguirlo, cultivar el arte del perdón recíproco. Que no se tema ir demasiado lejos en este sentido, porque si es peligroso perdonar demasiado, mucho más peligroso es no perdonar lo suficiente. De tener que elegir entre los dos excesos habría que optar sin titubeo por el primero; porque un exceso de bondad sólo pude servir al amor, mientras que, por el contrario, éste no podría sobrevivir a una negativa del perdón. En la vida conyugal es donde tiene más aplicación la respuesta de Cristo: hay que perdonar setenta veces siete. Es decir, siempre! Solamente en la medida en que el uno y el otro hagan de esta ley cristiana norma de su vida cotidiana florecerá la comprensión en la vida común. Cualquier otra orientación sólo puede acarrear endurecimientos y choques que acabarán por destruir la felicidad.

Para que la vida en común sea bella, para que sea armoniosa y reine en ella la alegría, para que el amor sea fácil, es preciso que marido y mujer se traten con toda caridad, concediéndose recíprocamente un perdón renovado sin cesar.
Cuando tengas que reprender a tu cónyuge, no lo hagas con reproches duros, que suelen motivar reacciones violentas. Es preferible una suave sugerencia que facilite la disculpa, el acuerdo, la avenencia. Con mucha frecuencia en el origen del enojo está el orgullo. Algunas torpezas inconscientes y repetidas traen como consecuencia que la mujer ofendida se refugie en una protesta silenciosa. Se encierra en sí misma, negándose a avanzar por el camino de la comprensión. No admite el perdón.
Pensando que ha iniciado ella demasiadas veces los pasos de la reconciliación, se repliega ahora a la defensiva y manifiesta su protesta con una terquedad irreductible.

No posee ella, sin embargo, el monopolio del malhumor. Hay que reconocer que el hombre, a su vez, lo utiliza con frecuencia, impulsado también por el orgullo. En él también, puede triunfar la fobia a dar el primer paso. Ésa es la manera mejor de hacer la vida común insostenible. El triunfo de la terquedad, del orgullo, y malhumor, actúa sobre el amor como un cáncer. Muchos de los fracasos matrimoniales se deben a la falta de comunicación. Porque la mujer no encuentra en el marido atención a lo que ella necesita comunicar.

Muy cercana al malhumor está la taciturnidad. Es un estado de espíritu en el cual no se encuentra nada que decir. Este defecto es, la mayoría de las veces, patrimonio del hombre. Aun no siendo siempre consecuencias de mala voluntad, no por ello debe dejar de ser corregido. Hay maridos que no comprenden que imponen así a su mujer un verdadero suplicio. A lo largo de todo el día, ella no tiene nadie con quien hablar. Cuando llega el marido, siente una necesidad muy comprensible de comunicarse con él. Pero éste cansado y rendido, no se encuentra con ganas de conversar. Se atrinchera tras el periódico o se dedica a la televisión. Cuando esto se repite con regularidad llegan a ser extraños entre sí. Están al borde del fracaso. El marido debe hacer un esfuerzo para salir de sí mismo y dedicar a su esposa una atención parecida a cuando era su novia. Hay que conseguir que en el hogar brille la alegría. Es la mejor salvaguardia del amor.

En el matrimonio no basta coexistir, hay que convivir. Y esto no es posible si no tienen nada en común. Hay que compartir gustos, ideas, valores. No basta que los cuerpos estén juntos, si las almas están separadas. Para la armonía matrimonial es fundamental la comunicación. El hablar aclara las cosas. El silencio enreda cosas que no debían haber sido problema. Un día, una esposa ve pasar a su marido en su coche con una joven al lado. Es una compañera de trabajo, y la lleva al médico. Pero su mujer se imagina lo peor. Cuando él llega a casa, con toda naturalidad, y como siempre, va a besar a su esposa. Ella con la idea que tiene en la cabeza lo recibe displicentemente. Él se extraña, pero calla. Ella también calla. Al día siguiente él se acerca a darle el beso de costumbre, y nota en ella la misma reacción.

Al tercer día, se va directamente a su habitación sin besarla. Ella saca su conclusión: no hay duda que se ha liado con la otra. Ya tenemos una tragedia que se hubiera evitado sin el silencio de los dos.
Hay mujeres que se quejan de que sus maridos no hablan; pero no caen en la cuenta de que ellas no dejan hablar, pues son interminables narrando sus cosas. Otras interrumpen continuamente lo que a ellos les parece interesante contar, con multitud de cositas: ¿Cómo te has hecho esa mancha?, está buena la sopa?, ten cuidado con la ceniza!, etc. Así dan a entender a su marido que lo que él les cuenta no tiene para ellas ningún interés, y al marido se le quitan las ganas de hablar.
Muchos disgustos matrimoniales se deben a falta de comunicación. A uno de los dos le ha molestado algo del otro, o sospecha algo. En lugar de decírselo y aclarar las cosas, guarda silencio y pone cara larga. El otro no sabe lo que pasa, y se molesta a su vez. La tirantez va en aumento, y puede llegar a un rompimiento. Esto no hubiera ocurrido hablando con sinceridad. Diálogo no es la yuxtaposición de dos monólogos, sino que ambos procuran ver con los ojos del otro.

Para remediar las desavenencias en el matrimonio te recomiendo este libro excelente: «Felicidad conyugal: sus obstáculos; su éxito»
Además de ser un libro provechosísimo para los casados, también lo es para los que se acercan al matrimonio; para que sepan, desde el principio, evitar todos los pasos que les aparten de la felicidad conyugal.El matrimonio, como todas las cosas, tiene su lado negro; y es necesario soportarlo. El sufrimiento es en esta vida inevitable, y hay que aceptarlo.
Nunca deberemos olvidar que incluso en un matrimonio en el que reine un verdadero amor, siempre habrá lugar para el sacrificio. A veces puede ser necesaria una autodisciplina, tan recomendada por la ascética cristiana, para el control sexual de los esposos.
Incluso en la formación integral prematrimonial, siempre deberá promocionarse el sacrificio como elemento indispensable del matrimonio cristiano.La felicidad de un matrimonio no se hunde porque en alguna ocasión pueda haber un disgusto.


Son consecuencia de la fragilidad humana. Pero siempre sale el sol después que pasan los nubarrones. Cuando hay amor y virtud las dificultades son más llevaderas. Es muy difícil que en un matrimonio no surjan problemas. Lo importante es que se mantenga el amor, y se sobrelleven con virtud los defectos de la otra persona. Y no contar a terceros las desavenencias conyugales; a no ser para pedir consejo a persona amiga e imparcial.


Los esposos deben saber apreciarse mutuamente. Que la mujer aprecie el trabajo de su marido, su prestigio social, su responsabilidad, sus éxitos, etc. Que el marido sepa apreciar lo que supone la consagración total de la mujer a los hijos y al hogar. Jamás decir nada que pueda suponer menosprecio del otro, aunque sea una pequeñez. Dar siempre a entender, en el hablar, que se siente admiración por el cónyuge. La mujer está todo el día de cabeza con los quehaceres de la casa.
Termina el día reventada, y nunca descansa lo que necesita. El día siguiente será para ir acumulando cansancio. El marido también vuelve cansado del trabajo. Nunca tienen un rato libre para ellos . Están fatigados, nerviosos, y es fácil que salte la chispa. El marido debe buscar algún rato para oír las cosas que preocupan a su mujer. El diálogo entre los esposos es indispensable.

La convivencia matrimonial necesita comunicación. Hay que saber exponer los propios sentimientos que le produce el otro cónyuge sin herirlo, y oír los sentimientos que él produce en el otro sin defenderse. Un diálogo así es el éxito de la convivencia matrimonial. Para esto es necesario aceptarnos a nosotros mismos como somos, y aceptar al otro como es. Si sentimos odio por nosotros mismos, chocaremos con los demás. No puede llevarse bien con los demás el que se lleva mal consigo mismo.

MI CASA SERA CASA DE ORACION

MI CASA SERA CASA DE ORACION

HACIA UNA ORACION RENOVADA

“Un cambio de vida” “La vida de oración es estar habitualmente en presencia de DIOS”

“Si conocieras el don de DIOS” Juan 4,10. 

Introducción

La oración no es un recurso para resolver problemas, ni un remedio para fines terapéuticos. La oración es “eficaz” no porque logra que se cumplan nuestros deseos, sino porque nos hace mas humanos y mas cristianos. La oración afina el alma y la hace especialmente apta para comprender a los demás.No es un invento del hombre. JESUS nos enseño a orar. El encuentro con DIOS abre nuestro corazón a la escucha sincera de la palabra y deja en el alma una atmósfera de serenidad y de paz que se trasmite a los demás. 

1. Nos centra en el.

2.  Nos libera de ese egoísmo desordenado que nos lleva a acaparar las cosas y las personas para someterlas a nuestro propio yo como a su destino último.

3. Nos ayuda a vivir en la verdad manteniendo una actitud lucida y vigilante en un entorno a veces superficial y frívolo.

4.  Nos permite integrar la vida desde una esperanza última.  La eficacia de la oración se concreta sobre todo, en nuestra conversión: “un cambio de vida” “Para que tu fe alcance una gran altura, que tu vida sea una constante oración”. 

¿Qué significa el PADRE NUESTRO? 

1.       "Padre Nuestro"

Es padre nuestro, padre de los buenos y de los malos, padre de los santos y de los pecadores, padre de los creyentes y de los no creyentes. Papá nuestro que significa que todos somos hermanos porque tenemos un padre en común.  

 2.       "Que estás en el cielo"

La expresión "estás en el cielo" significa lugar de dominio, eres el soberano, y el Rey. El cristiano no puede ser idólatra. Sólo tenemos un        Dios.

3.       "Santificado sea tu nombre"

Significa que si yo soy hijo de Dios quiero por mis obras glorificar su nombre porque el hijo honra a su padre y a su madre, siendo una persona íntegra. Santificado sea tu nombre significa que nuestras obras siempre glorifiquen el nombre de Dios. 

 4.       "Venga a nosotros tu reino"

¿Qué significa reino bíblicamente? Significa ambiente de fraternidad, de justicia, de paz; que a nadie le falte el pan de cada día, que todos seamos generosos. Reino de Dios ven ya a nuestro mundo, que nos amemos, que todos tengamos las mismas oportunidades.

Nuestro reto es hacer que aquí en la tierra el reino de Dios se haga realidad, y para eso tenemos que pedir y actuar. La oración auténtica va acompañada de acción.  

 5.       "Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo"

Tierra es todo lo temporal, es todo lo material y cielo significa divinidad, espiritualidad. Señor que se haga tu voluntad en las cosas que hago todos los días en mi oficina, en mi casa, en el parque, en el negocio como también quiero hacer tu voluntad cuando voy a misa y cuando rezo. 

 6.       "Danos hoy nuestro pan de cada día"    

Esto es que no nos falte el pan material por supuesto, pero que nos falte el pan del amor, el pan de la presencia de Dios porque si buscamos cumplir las cosas del reino lo demás nos vendrá por añadidura. El hombre es hombre cuando actúa en la tierra pero siempre mirando el cielo, pidiéndole al señor y actuando en nombre de Él, y transformando la historia para que el reino de Dios se haga realidad.

¡Qué hermoso es comer a Cristo en la Eucaristía"!

Y dice Jesús: "Quien me coma no tendrá hambre, quien me coma tendrá la vida eterna". 

También en este texto se puede aplicar la expresión hoy a algo muy sabio. Dice Jesús que tenemos que preocuparnos por el día de hoy.

Pero hay gente preocupada por tener y almacenar fortuna como si fueran a vivir 10,000 años olvidándose del amor. El hoy en definitiva es lo único que tenemos. 

7.       "Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden"

¿Quién no ha ofendido a Dios hasta siete veces en un día?   aún el más santo. ¿Quién no tiene un mal pensamiento, un mal deseo o un arranque de ira o un acto de egoísmo?¿Quién no tiene algún pecado de omisión?

Señor perdonados nuestras ofensas. Dios te perdona si tú te arrepientes y si tú perdonas. 

8.       "No nos dejes caer en la tentación"

Hasta Jesús tuvo tentaciones. Los cristianos siempre seremos tentados. Lo que pedimos al Señor es que nos dé fuerza y poder en el espíritu para no caer en la tentación, pero si tu hermano confías solamente en tus fuerzas te caerás. Y la última parte.

9.       "y líbranos del mal"  Amén.

 O sea líbranos del diablo.   Pues bien Jesús nos ama, Jesús nos quiere y con: ¡ÉL SOMOS INVENCIBLES!         ¿Que quiere Dios de mi? ¿Que quiere de nuestra familia, de nuestra comunidad, de nuestros hermanos?La oración se convierte aquí en aceptación de la misión que el Señor nos ha confiado como padres de familia, como hijos, como pastores, como responsables. Jesús, en el huerto de los Olivos, ora: “Padre, no se haga mi voluntad, sino la tuya” Lucas 22,42.  El dialogo con Dios hace madurar nuestra disponibilidad para poner de lado nuestros pequeños intereses y entrar en los caminos de Dios, para ir al encuentro de nuestro hermanos. Podríamos afirmar que la oración es, en cierto modo, el ser mismo del hombre que se pone en transparencia a la luz de Dios, se reconoce por lo que es y, reconociéndose, reconoce la grandeza de Dios, su Santidad, su Amor, su Voluntad de Misericordia, en fin toda la Divina realidad y el Designio Divino de Salvación como se han revelado en el Señor Jesús crucificado y resucitado.  Debemos OrarLa Oración es el gemido del Espiritu Santo en nosotros, como lo dice Pablo. Pero la repetición es necesaria para que este gemido se haga un camino en nuestro corazón de piedra, lo mismo como la gotera desgasta las rocas mas duras.  Con repetir perseverantemente el Padre Nuestro o el Ave Maria, podemos esperar que alcanzaremos algún día a rezarlos en un tono tal que se armonice perfectamente con el deseo de Dios.  El mismo que esta esperando este gemido que es el único que puede conmoverlo, porque, en realidad, salió de su propio corazón.   

Oración (Encuentro)

Abre, Señor, espacios libres dentro de mí para que los puedas ocupar Tú y mis hermanos. Regálame la gracia de ir adquiriendo poco a poco un corazón desprendido y vacío como el tuyo; un corazón manso, paciente y benigno. Cristo Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo y que en el camino de la cruz pueda alcanzar la felicidad y la luz verdadera. Así sea. ABBA. 

El Sentido de la Oración

DIOS no puede amarnos mas de los nos ama. Si oramos es para dejarnos transformar por su gracia y su voluntad salvadora. No es DIOS el que tiene que cambiar, sino nosotros. Por eso, no le pedimos una ayuda que supla nuestra actuación. No buscamos que nos sustituya en la solución de nuestros problemas. Lo que le pedimos es saber actuar y vivir desde su gracia, su bondad y verdad. Por eso, el verdadero orante experimenta la cercanía amistosa de DIOS de muchas maneras, independientemente de cómo se resuelvan los problemas. San Agustín nos hizo esta sabia advertencia: “DIOS escucha tu llamada, si le buscas a el. No te escucha, si a través de el buscas otras cosas”  

Confianza en la Providencia

El cristiano cree en el amor providente de DIOS. El Padre no abandona ni se desentiende de aquellos a quienes crea, sino que sostiene su vida con amor fiel, vigilante y creador. No estamos a merced del azar o la fatalidad, sino sostenidos por el amor de un Padre que quiere y busca nuestro bien. Así nos exhorta San Pedro: “Descargad en DIOS todo agobio, que a el le interesa vuestro bien” 1 Pedro 5,7.

Pero esto no significa que DIOS “intervenga” en nuestra vida como intervienen otras personas o factores. DIOS no es uno más. Es el creador del que nos esta llegando el ser y la gracia para que orientemos nuestra existencia hacia el bien. Con esa acción DIOS no se entromete en nuestra vida forzando los acontecimientos o eliminando nuestra libertad, sino que respeta nuestras decisiones y la marcha del mundo. Por otra parte, si bien podemos cada uno captar signos del amor providente de DIOS en experiencias concretas, su acción permanece siempre inescrutable. Lo que a nosotros nos parece malo, puede ser mañana fuente de bien. Nosotros no somos capaces de abarcar la totalidad de la existencia; se nos escapa el sentido final de las cosas; no podemos comprender el menor acontecimiento en sus últimas consecuencias. Todo queda bajo el signo del amor de DIOS, que nos olvida a ninguna de sus criaturas. El es el dueño de la vida y el señor del universo y sus leyes. “En el vivimos, nos movemos y existimos” Hechos 17,28.   

Oración y Vida

No siempre parece fácil armonizar vida y oración. Se debe probablemente a que tenemos una idea falsa tanto de la vida como de la oración. Pensamos que la vida consiste en estar agitados, realizando muchas actividades y que la oración consiste en retirarnos de la vida y olvidar lo que se refiere a nuestro prójimo y a su situación humana. Nada más lejos de la realidad.  

La Oración conduce a la acción.

Lucas 6,12. “En aquellos días se fue a orar a un cerro y paso toda la noche en oración con Dios” Es necesario puntualizar que no oramos para cumplir una obligación. Nuestra oración es expresión y fuente de vida cristiana. Nace de la vida y nos conduce a ella. Es falso oponer oración y vida, como si la oración no perteneciera a la vida. Al contrario, la oración es uno de los momentos fuertes de nuestra vida, un momento culminante de nuestra acción, porque desde la oración alentamos y sostenemos nuestro vivir. El encuentro con Dios centra nuestra vida en “lo único necesario”. Al abrirnos al amor del Padre encontramos en  el mejor fundamento para reconocer, amar y servir a los hermanos. 

La prueba de toda oración.

No podemos encontrarnos con Dios Padre sin encontrar en el la razón, la fuerza y el fundamento de la fraternidad humana, la indiferencia al dolor humano, hacen imposible la verdadera oración. Por eso, la prueba de toda oración es el amor. La mejor oración es aquella que nos hace amar más. “Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor1 Juan 4,8. La oración necesita el espacio de la vida entera para expresarse como amor. Hermanos no amamos por ratos o de una manera intermitente. Se ama en la oración y en la vida. 

¿Hacia donde nos conduce la oración?

Quien alimenta su propia fantasía, vive al margen de la realidad, no se enfrenta a ella; se crea su propia realidad porque la otra no le gusta. La oración verdadera, por el contrario, lleva a afrontar la dureza de la vida y, lo que es más importante, a empeñarse en su transformación. Rezar al Dios del Evangelio conduce a vivir evangélicamente incluso asumiendo la cruz. 

Encontrarse con Dios mismo.

No hemos de olvidar que orar es decir “si” a Dios. No es fácil. La dificultad para decir este “si” a Dios no se disimula ni diluye tras expresiones de confianza. Este “si” a Dios exige, antes que nada, encontrarse en la oración con el mismo Dios, el Dios vivo.

En la presencia de Dios.

Toda oración verdadera comienza con un “heme aquí, Señor” que significa: “ponerse en presencia de Dios” dejar el mundo de la utilidad y de los intereses para abrirse a la presencia de ese misterio que llamamos DIOS. Son muchas las actitudes que pueden obstaculizarnos el encuentro, pero ninguna tanto como la actitud posesiva y el permanecer centrados en nosotros mismos. Orar exige descentrarnos y abrirnos al amor de Dios.

Con nuestra verdad.

La oración exige limpieza de corazón, sinceridad y transparencia. Ninguna relación verdadera puedes establecerse entre un yo falso y Dios. Mucho menos, si también nuestra imagen de Dios es falsa. Para adentrarse en la oración es necesario quitarnos las mascaras. Moisés se encontró con Dios a través de una zarza ardiente, al punto oyó la voz de Dios que le exigía quitarse las sandalias. El Señor le pedía pureza de mente y corazón, lo primero que nos va exigir es sinceridad, nos va exigir que desnudemos el alma, las autosuficiencias, los títulos, las caretas.

¿Como podríamos ir disfrazados al encuentro con Dios?

Ante el no necesitamos ocultar nuestras heridas o nuestro desorden. Tampoco tenemos por que disculparnos de nuestros pecados ni justificar nuestra mediocridad. “El sabe de que estamos hechos, se acuerda que somos barro”. Salmo 103,14.Desde esa verdad nos abrimos a el: “Señor, tu me sondeas y me conoces” Salmo 139,1

¿Como orar cuando todo parece imponer un “denso silencio” de Dios?¿Donde te escondiste?

La ausencia de Dios puede hacer florecer en nosotros una oración mas probada. Hoy resulta mas difícil rezar con palabras superficiales o repitiendo formulas de manera mecánica. “Yo no soy como los demás”. Es la hora de aprender a orar desde la espera, la paciencia y el deseo de Dios. El desposeimiento de nosotros mismos y el desprendimiento de falsas seguridades.Hermanos la vida moderna parece imponer unas condiciones poco favorables para la oración. Sin embargo hoy Dios esta también entre nosotros. Hoy, como siempre es posible encontrarnos con el.

¿Cómo alabar a Dios en un mundo donde la ciencia y la técnica parecen borrar sus huellas?

¿Como orar desde la vida agitada y dispersa de la sociedad actual que parece impedir el silencio necesario para escuchar el rumor de la trascendencia? Dios esta donde están los hombres; esta en medio de la ciudad. Además, hemos de “Vivir orando y suplicando. Orando en todo tiempo según nos inspire el Espiritu. Velando en común y perseverando en nuestras oraciones sin desanimarnos nunca, intercediendo a favor de todos nuestros hermanos” Efesios 6,18. La vida moderna refleja la grandeza y la mediocridad del hombre de hoy, sus deseos de libertad y su pecado. Sin embargo esta vida moderna puede y debe alimentar nuestra oración.

Oración de suplica e intercesión por quienes sufren, aunque sean gentes desconocidas. Oración de alabanza y acción de gracias por todo cuando significa dignificación de la vida y servicio a los más necesitados.

Oración de petición y de perdón, oración que conduce al compromiso concreto por una vida mas justa y humana parta todos. 

¿Como elevar nuestro corazón hacia Dios desde un mundo injusto?Los admirables logros de la humanidad quedan hoy empañados por la presencia de graves injusticias. No podemos orar al Padre volviendo las espaldas al que sufre. Es necesario que nos preguntemos si nuestras oraciones personales y comunitarias son encuentro con el “Padre de los pobres” o palabras con las que tratamos de escapar del riesgo de nuestras responsabilidades. El Dios a quien oramos “no olvida jamas al pobre” Salmo 9,19. Si decimos que amamos a Dios a quien no vemos y no amamos a los hermanos que tenemos a nuestro lado, somos mentirosos. 1 Juan 3,11-18; 4,11-21.La oración nos ha de ayudar a descubrir nuestro pecado y complicidad. Ha de fortalecer nuestra resistencia a colaborar con la injusticia. Esa es la promesa de Isaias: si sabes dejar libres a los oprimidos, romper cadenas injustas, hospedar a los pobres sin techo, vestir al desnudo, “entonces clamaras al Señor y el le responderá; pedirás auxilio y te dirá: Aquí estoy” Isaias 58,9.

Orar en una sociedad que necesita reconciliación.Nuestra sociedad vive hoy de manera más imperiosa la necesidad de promover un proceso de reconciliación, dejando atrás una etapa denominada por la violencia y los enfrentamientos.

¿Que significa en estos momentos orar por la paz?La oración no debe ser un tranquilizante que nos alivie de nuestra pasividad o inhibición. No rezamos a Dios para que nos resuelva los conflictos que nosotros mismos hemos generado. Al contrario, oramos para escuchar los deseos de paz que el abriga para nosotros. Si la oración es un encuentro verdadero con Dios, no lleva a la pasividad, sino que urge a buscar la paz y a trabajar incansablemente por ella. Esa construcción de la paz comienza en el corazón de cada uno. Porque en el corazón se genera la violencia y de el brotan el resentimiento, la agresividad, el fanatismo o la intolerancia. La oración purifica nuestra actitud interior y nos dispone para la reconciliación. Nos  hace más sensibles a cualquier injusticia. Más cercanos al sufrimiento de las víctimas. Mas libres para defender la verdad. Más capaces para el perdón. Si hay una oración que deba ser universal, es precisamente la oración por la unidad, dado que hace solidarios a todos los que confiesan “un solo Señor, una sola fe y solo bautismo” Efesios 4,5.Esta oración pone a dura prueba la esperanza, porque Cristo no hizo de la unidad de los cristianos una promesa, sino solo oración. En medio del gran desconsuelo por la división de los cristianos, nos dirigimos a Cristo y le suplicamos como los Apóstoles: ”Señor, enséñanos a orar”, a orar como tu, a orar en ti, con tu inmenso fervor y con la serenidad de tu paciencia, para que resplandezca la unidad que siempre has querido, la promueves en nuestro corazón de pecadores. Señor haznos entrar de tal forma en tu oración por la unidad, que todos seamos uno en ti, en tu Espiritu y en la gloria de tu Padre. Todo es posible cuando también nosotros, siguiendo el ejemplo de San Pablo, solo nos apoyamos en Cristo, en “Cristo crucificado” 1 Corintios 2,2, pues el camino hacia la unidad pasa inevitablemente por la cruz o, mejor por el corazón traspasado del Salvador. 

L’OSSERVATORE ROMANO

Edición del 28 de Enero del 2000. 

Feceva – Junio 2000.                                   

Familiaris Consortio

Familiaris Consortio

 FAMILIARIS CONSORTIO 

La Iglesia al servicio de la familia: 1. (3)   LA FAMILIA, en los tiempos modernos, ha sufrido quizá como ninguna otra institución, la acometida de las transformaciones amplias, profundas y rápidas de la sociedad y de la cultura.  Muchas familias viven esta situación permaneciendo fieles a los valores que constituyen el fundamento de la institución familiar.  Otras se sienten inciertas y desanimadas de cara a su cometido, e incluso en estado de duda o de ignorancia respecto al significado último y a la verdad de la vida conyugal y familiar.  Otras, en fin, a causa de diferentes situaciones de injusticia se ven impedidas para realizar sus derechos fundamentales. 

El bien precioso del matrimonio y de la familia: 3. (6)  La Iglesia, iluminada por la fe, que le da a conocer toda la verdad acerca del bien precioso del matrimonio y de la familia y acerca de sus significados más profundos, siente una vez más él deber de anunciar el Evangelio, esto es, la “buena nueva”, a todos indistintamente, en particular a aquellos que son llamados al matrimonio y se preparan para él, a todos los esposos y padres del mundo.Queridos por Dios con la misma creación, matrimonio y familia están internamente ordenados a realizarse en Cristo y tienen necesidad de su gracia para ser curados de las heridas del pecado y ser devueltos “a su principio”, es decir, al conocimiento pleno y a la realización integral del designio de Dios.En un momento histórico en que la familia es objeto de muchas fuerzas que tratan de destruirla o deformarla, la Iglesia, consciente de que el bien de la sociedad y de sí misma está profundamente vinculado al bien de la familia, siente de manera más viva y acuciante su misión, de proclamar a todos el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia, asegurando su plena, vitalidad, así como su promoción humana y cristiana, contribuyendo de este modo a la renovación de la sociedad y del mismo Pueblo de Dios.

Necesidad de conocer la situación: 4. (8,9)  Este conocimiento constituye consiguientemente una exigencia imprescindible de la tarea evangelizadora.Muchos son conscientes de este peligro que corre la persona humana y trabajan en favor de la verdad. Discernimiento  evangélico: 5. (10,11,12) El discernamiento hecho por la Iglesia se convierte en el ofrecimiento de una orientación, a fin de que se salve y realice la verdad y la dignidad plena del matrimonio y de la familia.Para hacer un auténtico discernimiento evangélico en las diversas situaciones y culturales en que el hombre y la mujer viven su matrimonio y su vida familiar, los esposos y padres cristianos pueden y deben ofrecer su propia e insustituible contribución. 

Situación de la familia en el mundo de hoy: 6. (12,13) En efecto, por una parte existe una conciencia más viva de la libertad personal y una mayor atención a la calidad de las relaciones interpersonales en el matrimonio.En la base de estos fenómenos negativos está muchas veces una corrupción de la idea y de la experiencia de la libertad, concebida no como la capacidad de realizar la verdad del proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia, sino como una fuerza autónoma de autoformación, no raramente contra los demás, en orden al propio bienestar egoísta. 

Nuestra época tiene necesidad de sabiduría: 8. (15,16,17) Se plantea sí toda la Iglesia el deber de una reflexión y de un compromiso profundos, para que la nueva cultura que está emergiendo sea íntimamente evangelizada, se reconozcan los verdaderos valores, se defiendan los derechos del hombre y la mujer y se promueva la justicia en las estructuras mismas de la sociedad “nuevo humanismo”.Nuestra época, mas que ninguna otra, tiene necesidad de esta sabiduría para humanizar todos los nuevos descubrimientos de la humanidad.  El destino futuro del mundo corre peligro si no se forman hombres más instruidos en esta sabiduría.De tal Sabiduría todo hombre ha sido hecho partícipe por el mismo gesto creador de Dios.  Y es únicamente en la fidelidad a esta alianza como las familias de hoy estarán en condiciones de influir positivamente en la construcción de un mundo más justo y fraterno.  Inculturación: 10 (19) Es mediante la “inculturación” como se camina hacia la reconstitución plena de la alianza con la Sabiduría de Dios que es Cristo mismo.Para que sea clara la meta y, consiguientemente, quede con seguridad el camino, el Sínodo justamente ha considerado a fondo en primer lugar el proyecto original de Dios acerca del matrimonio y de la familia:  ha querido “volver al principio”, siguiendo las enseñanzas de Cristo. 

El hombre imagen de Dios Amor: 11. (20) Dios es amor 

Jesucristo, esposo de la Iglesia y el sacramento del matrimonio: 13. (23, 24,26) La comunión entre Dios y los hombres halla su cumplimiento definitivo en Cristo Jesús, el Esposo que ama y se da como Salvador de la humanidad, uniéndola a sí como su cuerpo.En una página justamente famosa.Al igual que cada uno de los siete sacramentos, el Matrimonio es también un símbolo real del acontecimiento de la salvación, pero de modo propio. 

Los hijos don preciosísimo del matrimonio: 14. (27,28) Según el designio de Dios, el matrimonio es el fundamento de la comunidad más amplia de la familia.En su realidad más profunda, el amor es esencialmente don y el amor conyugal, a la vez que conduce a los esposos al recíproco.Al hacerse padres, los esposos reciben de Dios el don de una nueva responsabilidad.  

La familia, comunión de personas: 15. (28,29) El matrimonio y la familia cristiana edifican la Iglesia.La familia humana, disgregada por el pecado, queda reconstituida en su unidad por la fuerza redentora de la muerte y resurrección de Cristo. 

¡Familia, sé lo que eres!: 17. (33) En este sentido, partiendo del amor y en constante referencia a él, el reciente Sínodo ha puesto de relieve cuatro cometidos generales de la familia. 

El amor, principio y fuerza de la comunión: 18. (34) La familia, fundada y vivificada por el amor, es una comunidad de personas.El principio interior, la fuerza permanente y la meta última de tal cometido es el amor. 

La más amplia comunión de la familia: 21. (39,41,42) La comunión conyugal constituye el fundamento sobre el cual se va edificando la más amplia comunión de la familia, de los padres y de los hijos, de los hermanos y de las hermanas entre sí, de los parientes y demás familiares.La comunión familiar puede ser conservada y perfeccionada sólo con un gran espíritu de sacrificio.Ninguna familia ignora que el egoísmo, el desacuerdo, las tensiones, los conflictos atacan con violencia y a veces hieren mortalmente la propia comunión: de aquí las múltiples y variadas formas de división en la vida familiar. 

El hombre esposo y padre: 25. (47,48,49) Dentro de la comunión-comunidad conyugal y familiar, el hombre está llamado a vivir su don y su función de esposo y padre.El auténtico amor conyugal supone y exige que el hombre tenga profundo respeto por la igual dignidad de la mujer.El amor a la esposa madre y el amor a los hijos son para el hombre el camino natural para la compresión y la realización de su paternidad.Revelando y reviviendo en la tierra la misma paternidad de Dios, el hombre está llamado a garantizar el desarrollo unitario de todos los miembros de la familia. 

Cooperadores del amor de Dios Creador: 28. (53) Dios, con la creación del hombre y de la mujer a su imagen y semejanza, corona y lleva a perfección la obra de sus manos.Así el cometido fundamental de la familia es el servicio de la vida.La fecundidad es el fruto y el signo del amor conyugal, el testimonio vivo de la entrega plena y recíproca de los esposos. 

Itinerario moral de los esposos: 34.(66,67) El orden moral, precisamente porque revela y propone el designio de Dios Creador.Pero el hombre, llamado a vivir responsablemente el designio sabio y amoroso de Dios, es un ser histórico, que se construye día a día con sus opciones numerosas y libres;  por esto él conoce, ama y realiza el bien moral según diversas etapas de crecimiento.También los esposos, en el ámbito de su vida moral, están llamados a un continuo camino, sostenidos por el deseo sincero y activo de conocer cada vez mejor los valores que la ley divina tutela y promueve, y por la voluntad recta y generosa de encarnarlos en sus opciones concretas.Todos los esposos, según el plan de Dios, están llamados a la santidad del matrimonio, y esta excelsa vocación se realiza en la medida en que la persona humana se encuentra en condiciones de responder al mandamiento divino con ánimo sereno, confiado en la gracia divina y en la propia voluntad. 

Educar en los valores esenciales de la vida humana: 37. (72,73) Aún en medio de la dificultades, hoy a menudo agravadas, de la acción educativa, los padres deben formar a los hijos con confianza y valentía en los valores esenciales de la vida humana.La educación para el amor como don de sí mismo constituye también la premisa indispensable para los padres, llamados a ofrecer a los hijos una educación sexual clara y delicada.

Un cometido eclesial propio y original: 50. (94) “La familia hará partícipes a otras familias, generosamente, de sus riquezas espirituales”.  

La fe, descubrimiento y admiración del plan de Dios sobre la familia: 51. (96,97) La misma preparación al matrimonio cristiano se califica ya como un itinerario de fe.El descubrimiento y la obediencia al plan de Dios, deben hacerse “en conjunto” por parte de la comunidad conyugal y familiar, a través de la misma experiencia humana del amor vivido en el Espíritu de Cristo entre los esposos, entre los padres y los hijos.

Ministerio de evangelización de la familia cristiana: 52. (98) En la medida en que la familia cristiana acoge el Evangelio y madura en la fe, se hace comunidad evangelizadora.La familia cristiana, hoy sobre todo, tiene una especial vocación a ser por testigo de la alianza pascual de Cristo. 

Predicar el Evangelio a toda criatura: 54. (101) También la fe y la misión evangelizadora de la familia cristiana poseen esta dimensión misionera católica. 

El matrimonio, sacramento de mutua santificación y acto de culto: 56. (104,105) El don de Jesucristo no se agota en la celebración del sacramento del matrimonio, sino que acompaña a los cónyuges a lo largo de toda su existenciaEl matrimonio cristiano, como todos los sacramentos que “están ordenados a la santificación de los hombres, a la edificación del Cuerpo de Cristo y, en definitiva, a dar culto a Dios”. 

La plegaria familiar: 59. (108,109) La Iglesia ora por la familia cristiana y la educa para que viva en generosa coherencia con el don y el cometido sacerdotal recibidos de Cristo Sumo Sacerdote.La plegaria familiar tiene características propias. Es una oración hecha en común, marido y mujer juntos, padres e hijos juntos.A los miembros de la familia cristiana pueden aplicarse de modo particular las palabras con las cuales el Señor Jesús promete su presencia.  

El nuevo mandamiento del amor: 63. (115,116) La vida cristiana encuentra su ley no en un código escrito, sino en la acción personal del Espíritu Santo que anima y guía al cristiano, es decir, en  “la ley del espíritu de vida en Cristo Jesús”.La familia cristiana es así animada y guiada por la ley nueva del Espíritu. 

Descubrir en cada hermano la imagen de Dios: 64. (117,118) Animada y sostenida por el mandamiento nuevo amor, la familia cristiana vive la acogida, el respeto, el servicio a cada hombre, considerado siempre en su dignidad de persona y de hijo de Dios.“Otro cometido de la familia es el de formar los hombres al amor y practicar el amor en toda relación humana con los demás, de tal modo que ella no se encierre en sí misma, sino que permanezca abierta a la comunidad, inspirándose en un sentido de justicia y de solicitud hacia los otros, consciente de la propia responsabilidad hacia toda la sociedad”. 

Agosto- 2002  

BIENVENIDOS

BIENVENIDOS

EL PRIMER MILAGRO DE JESÚS

 

 

1.      EL MILAGRO DE CANA

 En Cana tiene lugar una boda. Esta ciudad está a poca distancia de Nazaret, donde vivía la Virgen. Por amistad o relaciones familiares se encuentra Ella presente en la pequeña fiesta. También Jesús ha sido invitado a la boda con sus primeros discípulos.Era costumbre que las mujeres amigas de la familia preparasen todo lo necesario. Comenzó la fiesta y por falta de previsión o por una inesperada afluencia de invitados, faltó el vino. La Virgen, que presta su ayuda, se da cuenta de que el vino escasea. Allí está Jesús, su Hijo y su Dios; acaba de inaugurase públicamente la predicación y el ministerio del Mesías. Ella lo sabe mejor que ninguna otra persona. Y tiene lugar este diálogo lleno de ternura y sencillez entre la Madre y el Hijo, que nos dice El Evangelio: La Madre de Jesús le dijo: No tienen vino. Pide sin pedir; expone una necesidad: no tienen vino. Nos enseña a rogar.Jesús le respondió: Mujer, ¿Qué nos va a ti y a mí? Todavía no ha llegado mi hora.Parece como si Jesús fuera a negarle a María lo que le pide: No ha llegado mi hora, le dice. Pero la Virgen, que conoce bien el corazón de su Hijo, actúa como si hubiera accedido a su petición inmediatamente: Haced lo que Él os diga, dice a los  sirvientes.María es la Madre atentísima a todas nuestras necesidades, como no lo ha estado ni lo estará ninguna madre sobre la tierra. El milagro tendrá lugar porque la Virgen ha intercedido; sólo por esa petición.«¿Porqué tendrán tanta eficacia los ruegos de María ante Dios? Las oraciones de los santos son oraciones de siervos, en tanto que las de María son oraciones de Madre, de donde procede su eficacia y carácter de autoridad; y como Jesús ama inmensamente a su Madre, no puede rogar sin ser atendida.  Nadie pide a la Santísima Virgen que interceda ante su Hijo en favor de los consternados esposos. Con todo, el corazón de María, que no puede menos de compadecer a los desvalidos, esto  la impulsó a encargarse por sí misma del oficio de intercesora y pedir al Hijo el milagro, a pesar de que nadie se lo pidiera. Si la Señora obró así que no lo pidieran, ¿Qué hubieran ido se le rogaran?». ¿Qué no hará cuando ¡Tantas veces a lo largo del día! le decimos «ruega por nosotros»? ¿Qué no conseguiremos si nos empeñamos en acudir a Ella una y otra vez? 


 2. LA VIRGEN. OMNIPOTENTE y SUPLICANTE

Omnipotencia suplicante. Así ha llamado la piedad cristiana a nuestra Madre Santa María, porque su Hijo es Dios y nada puede negarle. Ella está siempre pendiente de nuestras necesidades espirituales y materiales; desea, incluso más que nosotros mismos, que no cesemos de implorar su intervención ante Dios en favor nuestro. Y nosotros, ¡Tan necesitados y tan remisos en pedir!, ¡Tan desconfiados y tan poco pacientes cuando lo que pedimos parece que tarda en llegar!¿No tendríamos que acudir con más frecuencia a Nuestra Señora? ¿No deberíamos poner más confianza en la petición, sabiendo que Ella nos alcanzará lo que es más necesario? Si consiguió de su Hijo el vino, que no era absolutamente necesario. ¿No va a remediar tantas necesidades urgentes como tenemos? «Quiero, Señor, abandonar el cuidado de todo lo mío en tus manos generosas. Nuestra Madre ¡tú Madre! a estas horas, como en Cana, ha hecho sonar en tus oídos: ¡no tienen!... Yo creo en Ti, Te amo, Jesús y siempre esperare en Ti Señor”. 

Dos veces llama San Juan Madre de Jesús a la Virgen

La siguiente ocasión en el Calvario. Entre los dos acontecimientos Cana y el Calvario hay diversas analogías. Uno está situado al comienzo y el otro al final de la vida pública de Jesús, como para indicar que toda la obra del Señor está acompañada por la presencia de María. Ambos episodios señalan la especial solicitud de Santa María hacia los hombres; en Cana intercede cuando todavía no ha llegado la hora, en el Calvario ofrece al Padre la muerte redentora de su Hijo, y acepta la misión que Jesús le confiere de ser Madre de todos los creyentes.«En Cana de Galilea se muestra sólo un aspecto concreto de la indigencia humana, aparentemente pequeño y de poca importancia: “No tienen vino”. Pero esto tiene un valor simbólico. El ir al  encuentro de las necesidades del hombre significa, al mismo tiempo, su introducción en el radio de acción de la misión mesiánica y del poder salvífico de Cristo. Por consiguiente, se da una medición: María se pone entre su Hijo y los hombres en la realidad de sus privaciones, indigencias y sufrimientos. Se pone “En medio”, o sea, hace de mediadora, no como una persona extraña, sino en su papel de madre, consciente de que como tal puede más bien “Tiene el derecho de”  hacer  presente al Hijo necesidades de los hombres».Dijo su Madre a los sirvientes: Haced lo que Él os diga, Y los sirvientes obedecieron con prontitud y eficacia: llenaron seis tinajas de piedra preparadas para las purificaciones, como les dijo el Señor. San Juan indica que las llenaron hasta arriba.Sacad ahora, les dice el Señor, y llevádselo al mayordomo. Y el vino es el mejor que cualquiera de los que han bebido los hombres.Como el agua, también nuestras vidas eran insípidos y sin sentido, hasta que Jesús ha llegado a nosotros. Él transforma nuestro trabajo, nuestras alegrías y nuestras penas; hasta la muerte es distinta junto a Cristo. El Señor sólo espera que realicemos nuestros deberes, hasta arriba, acabadamente, para que Él realice el milagro.Si quienes trabajan en la Universidad, y en los hospitales, y en las tareas del hogar, y en las finanzas, y en las fábricas y en él ...... lo hicieran con perfección humana y con espíritu cristiano, mañana nos levantaríamos en un mundo distinto. El Señor convierte en vino riquísimo nuestras labores y trabajos, que de otra manera permanecen sobrenaturalmente estériles. El mundo sería entonces una fiesta de bodas, un lugar más habitable y digno del hombre, en el que la presencia de Jesús y de María imprimen un gozo especial.LLenad de agua las tinajas, nos dice el Señor. No dejemos que la rutina, la impaciencia, la pereza, dejen a medio realizar nuestros deberes diarios. Lo nuestro es poca cosa; pero el Señor quiere disponer de ello. Pudo Jesús realizar igualmente el milagro con las tinajas vacías, pero quiso que los hombres cooperaran con su esfuerzo y con los medios  a su alcance. Luego Él hizo el prodigio, por petición de su Madre.¡Qué alegría la de aquellos servidores obediencia y eficaces cuando vieron el agua transformada en vino! Son testigos silenciosos del milagro, como  los discípulos del Maestro, cuya fe en Jesús quedó confirmada. ¡Qué alegría la nuestra cuando por la misericordia divina, contemplemos en el Cielo todos nuestros quehaceres convertidos en gloria! 


3.  LA GENEROSIDAD DE JESUS

Jesús no nos niega nada.  Y de modo particular nos concede lo que solicitemos a través de su Madre. Ella se encarga de enderezar nuestros ruegos si iban algo torcidos, como hacen las madres. Siempre nos concede más, mucho más de lo  que pedimos, como ocurre en aquella boda de Cana de Galilea. Hubiera bastado un vino normal, incluso peor del que se había ya servido, y muy probablemente hubiera sido suficiente una cantidad mucho amor.San Juan tiene especial interés en subrayar que se trataba de seis tinajas de piedra con capacidad de dos o tres metretas cada una, para poner de manifiesto la abundancia del don, como hará igualmente cuando narre el milagro de la multiplicación de los panes, pues de las señales de la llegada del Mesías era la abundancia.Los comentaristas calculan que el Señor convirtió en vino una cantidad que oscila entre 480 y 720 litros, según la capacidad de estas grandes vasijas judías. ¡Y del mejor vino! Así también en  nuestra vida. El Señor nos da más de lo que merecemos y mejor.También concurren aquí dos imágenes fundamentales, con las que había sido descrito el tiempo del Mesías: El banquete y Los Desposorios. Serás como corona fúlgida en la mano del Señor y diadema real en la palma de tu Dios, nos dice el  profeta Isaías en una imagen bellísima, recogida del Evangelio. Ya no le llamarán «Abandonada», no a tu tierra «Devastada»; a ti te llamarán «Mi favorita», y a tu tierra «Desposada»; porque el Señor te prefiere a ti  y a tu tierra tendrá marido. Como un joven se casa con su novia así te desposa el que te construyó; la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo. Es la alegría y la intimidad que Dios desea tener con todos nosotros.Aquellos primeros discípulos, entre los que se encuentra San Juan, están asombrados. El milagro sirvió para que dieran un paso adelante en su fe primeriza. Jesús los confirmó en la fe, como hace con quienes le han seguido. Haced lo que Él os diga. Son las últimas palabras de Nuestra Señora en el Evangelio. No podían haber sido mejores. 

¿QUIENES SOMOS?

¿QUIENES SOMOS?

 Hace Veintisiete años, los vientos de la Evangelización llegaron a Salamanca, fue entonces, que en el C.E.N. “Nuestra Señora de la Esperanza” se llevo acabo el primer REM 1990 y él ultimo REM 2016 en nuestra Casa Matriz ubicada en Cerro Lindo Mz B - Lote 1 - Urb. San Ignacion de Monterrico - SURCO.

Con el transcurrir de los años el Espíritu Santo generosamente siguió soplando y como resultado se llegaron a formar varias Comunidades de Amor: 

 

  1. Nuestra Señora de la Esperanza
  2. Santa Rosa de Lima
  3. Maria de la Encarnación
  4. Santa Maria 
  5. Maria Inmaculada
  6. Medalla MilMagrosa 
  7. Santa Angela
  8. Revelación Divina 
  9. Luz Divina
  10. Unidos en Crista
  11. San Francisco de Asís - Salamanca
  12. Señor de Luren
  13. Amigos en Cristo
  14. San Francisco de Asís
  15. Señor de los Milagros
  16. Sagrada Familia
  17. Juan Pablo II
  18. Virgen del Carmen
  19. San Francisco de Asís - Jicamarca
  20. Genesis.
  21. Discipulos de Emaus
  22. Santisima Trinidad
  23. Sagrada Familia 

Como todo grupo humano, algunos todavía continuamos; unos nos han tomado la delantera y otros se han alejado por diversos motivos que solo Dios conoce, comprende y entiende. Lo más hermoso es que con todos ellos pudimos experimentar la maravillosa presencia de DIOS, viajando fuera de casa llevando la BUENA NUEVA a La Merced, Jauja, Pichanaqui, Trujillo, Chiclayo. Arequipa, Carhuaz, Casa Grande, Pisco y muchos lugares como el Penal de Mujeres “Santa Mónica” de Chorrillos, allí unidos a JESÚS y MARIA hemos puesto nuestro granito de arena y sobre todo nuestro corazón se quedo en cada lugar que visitamos. DIOS sabe de todos los momentos vividos, recuerdos maravillosos que tenemos acumulados durante esta larga jornada de diecisiete años y que jamás se borraran de nuestra mente.  Algunos tropiezos tuvimos, pero precisamente allí fue donde sobreabundo la gracia, la bondad, la misericordia y el perdón de nuestro Dios Padre. Quien nos ama con todas nuestras imperfecciones y de una manera incondicional. Con las enseñanzas recibidas de su Hijo Jesús, nos llego de arriba la fuerza y el poder de su Espíritu Santo. Quien nos sigue acompañando. Contamos y contaremos con la poderosa intercesión de su Santísima Madre, Maria, Reina y Señora; en señal de nuestro agradecimiento cuatro de las Comunidades de Amor existentes de nuestra Zona llevan su nombre: 

 

 

 ·         Nuestra Señora de la Esperanza

 ·         Maria de la Encarnación

 ·         Maria Inmaculada

 ·         Maria Auxiliadora

 

 

 Por todas estas gracias recibidas durante estos veintisiete años que el Señor nos ha permitido trabajar para Gloria de su Reino, por todos los hermanos que nos ha regalado, por el cambio que ha realizado en nuestras vidas, en nuestras familias, y en nuestros hijos. Hoy queremos juntos agradecerle a nuestro querido Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y a su Santísima Madre Maria. 

  

  

 

 

 

 

COMUNIDAD DE RESPONSABLES  “MARIA AUXILIADORA”  - 2017

Fernando Cervera y Maria Bernabe

MATRIMONIO ZONAL 

 Wilder Diaz y Blanca Ojeda

 C.A. NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA

   

 C. A. MARIA DE LA ENCARNACIÓN

Emilio Venancino y Beatriz Cavero  

 C.A MARIA INMACULADA

Fructuoso Escalante y Margarita Salinas

C.A DISCIPULOS de EMAUS

Percy Neyra y Ana Maria Zegarra

Genesis

Tony Montoya y Yanina Vega

SANTISIMA TRINIDAD

Jose Vicini y Carmen Cerron

SAGRADA FAMILIA

Julio Castillo y Jessica Vicini

COMUNIDAD de JOVENES y SEMILLITAS


¡QUE AGRADABLE Y DELICIOSO ES QUE LOS HERMANOS VIVAN UNIDOS! 

ALLI ENVIA EL SEÑOR LA BENDICIÓN, LA VIDA PARA SIEMPRE.

Salmo 132, 1-3.               

 

 

EVANGELIZANDO CON PODER

EVANGELIZANDO CON PODER

CISTERNAS AGRIETADAS

Jer 2,13.

Doble falta ha cometido mi pueblo: me ha abandonado a mí que soy manantial de aguas vivas y se han cavado pozos, pozos agrietados que no retendrán el agua”

INTRODUCCION

El Pueblo judío, después de su experiencia en el desierto, conocía bien la importancia del agua. En una región como Palestina, donde el agua no abunda, sé hacia indispensable construir cisternas para conservar el agua. Encontrar agua en medio del desierto era hallar un tesoro y se guardaban los pozos más que las joyas, pues de ellos dependía la vida. Estas cisternas se cavaban en piedra porosa y luego se impermeabilizaban con una mezcla de cal y arena. Sin embargo, siempre existía la posibilidad de que se agrietaran y dejaran escapar el agua. Además, la calidad del agua estancada no admitía comparación con la que brotaba de la fuente. La Sagrada escritura habla de Dios como la fuente de las aguas vivas; el justo es como un árbol plantado junto al borde del agua viva, que produce frutos incluso en tiempo de sequía. 

EL PECADO ES EL MAYOR ENGAÑO

El pecado es el mayor engaño que puede sufrir el hombre y el único y verdadero mal.

Jesús, en el coloquio con la samaritana, manifestó que Él es la fuente capaz de saciar a las almas con agua viva. En la fiesta de los Tabernáculos o de las Tiendas, en la que los judíos recordaban su paso por el desierto acampando en tiendas, Jesús se presenta como el único que puede apagar la sed de las almas. En él último día, escribe San Juan, el día más solemne de la fiesta, estaba allí Jesús y clamo: Si alguno tiene sed, venga a Mí y beba quien cree en Mí. Como dice la Escritura, brotara de su seno ríos de agua viva. Solo Cristo puede calmar la sed de eternidad que Dios mismo ha puesto en nuestro corazón, solo Él puede hacer que nuestra vida sea fecunda. Muchos Santos han visto en el costado abierto de Cristo, del que brota sangre y agua, el origen de los sacramentos, que dan la vida sobrenatural.

En este contexto nos suenan con especial fuerza hoy las palabras del Profeta Jeremías al hablarnos del abandono de su pueblo y en un sentido más amplio, del pecado de los hombres, de nuestros pecados: Que los cielos se asombren espantados por eso, palabra de Yave: doble falta ha cometido mi pueblo; me ha abandonado a mí, que soy manantial de aguas vivas y se han cavado pozos, pozos agrietados que no retendrán el agua.

Todo pecado es separación de Dios. Se abandona por nada el agua viva que salta a la vida eterna; intento frustrado de apagar la sed en otras cosas y muerte. Es el mayor engaño que puede sufrir el hombre, es él autentico mal, puesto que arrebata la gracia santificante, la vida de Dios en el alma, que es el don más precioso que hemos recibido. El pecado es siempre El pecado convierte al alma en verdadero pedregal en el que es imposible que crezca la gracia y se desarrollen las virtudes; tierra seca, endurecida, llena de espinas, como nos relata Mateo en: “La parábola del sembrador”. Mt 13,5-6. El pecado, el abandono del manantial de aguas vivas, para cavar pozos agrietados, significa la ruina del hombre.

LOS EFECTOS DEL PECADO

Fuera de Dios, el hombre solo encontrara infelicidad y muerte; el pecado es un vano intento de guardar agua en un pozo agrietado, roto. .

Es verdad que el motivo que nos ha de llevar a odiar el pecado, es sobrenatural: que Dios lo aborrece con toda su infinidad, con odio sumo, eterno y necesario, como mal opuesto al infinito bien; pero la primera consideración, que te ha apuntado, nos puede conducir a esta ultima: la soledad que deja en el alma el pecado nos debe también mover a alejarnos de él. No sin razón se ha dicho que con mucha frecuencia

El pecado endurece el alma para las cosas de Dios. En el Evangelio Jesús, cita al Profeta Isaias: “Por mas que oigan no entenderán y por mas que miren no verán. Este es un pueblo de conciencia endurecida. Sus oídos no saben escuchar, sus ojos están cerrados. No quieren ver con sus ojos, ni oír con sus oídos y comprender con su corazón”.  Mt 13,10-17. Basta echar una mirada a nuestro alrededor para ver, con pena, como estas palabras del señor son también una realidad en muchos que han perdido el sentido del pecado y están como embrutecidos para las realidades sobrenaturales.

El pecado mortal aparta al hombre radicalmente de Dios, porque priva al alma de la gracia santificante; se pierden todos los méritos adquiridos por las buenas obras realizadas y deja al alma incapacitada para adquirir otros nuevos; queda en cierto modo sujeta a la esclavitud del demonio; disminuye la inclinación natural a la virtud, de tal manera que cada vez le es más difícil realizar actos buenos; en ocasiones tiene efectos también sobre el cuerpo: falta de paz, malhumor, desidia, voluntad floja para el trabajo; se provoca un desorden en las potencias y afectos; produce un mal a toda la Comunidad y todos sus miembros y una separación de ellos, aunque externamente quede inadvertido: de la misma manera que todo justo que se esfuerza por amar a Dios eleva al mundo y a cada hombre, todo pecado

Todo pecado esta íntima y misteriosamente relacionado con la Pasión de Cristo. Nuestros pecados estuvieron presentes y fueron la causa de tanto dolor; ahora, en cuanto esta de nuestra parte, crucifican de nuevo al Hijo de Dios. Heb 6,6. Con la ayuda y la misericordia divina, porque nadie esta confirmado en gracia, el cristiano que sigue de cerca de Cristo no cae habitualmente en faltas graves. Pero el conocimiento de la propia debilidad ha de llevarnos a evitar con esmero las ocasiones de pecar, aun las más lejanas; a practicar la mortificación de los sentidos; a no fiarnos de la propia experiencia, de los años quizá de entrega, de una formación esmerada. Y hemos de pedir al Señor aborrecer todo pecado y toda falta deliberada, la finura de conciencia para detectar incluso las faltas leves y desear purificar el alma en la frecuente Confesión, para no perder el sentido del pecado, esa tremenda realidad que parece ajena a una buena parte de la sociedad a la que pertenecemos, porque ha dado la espalda a Dios.Le decimos a Jesús:

LUCHA CONTRA LAS FALTAS

Para entablar una lucha decida contra el pecado es preciso reconocer sin excusas ni disculpas nuestros errores diarios, llamándolos por su nombre, sin buscar justificaciones que impidieran el dolor y la contrición y la lucha por evitarlos: omisiones en nuestros deberes, en la comunidad, en el trato con Dios; juicios negativos sobre los demás; ambiciones menos nobles o desordenadas: de ser el centro de los demás, de mandar, de tener mas de lo que se necesita; movimientos de envidia, malhumor que se vierte en los demás; pocas atenciones en la vida de familia; deseos consentidos de ser servidos en vez de servir. Son verdaderos pecados veniales, porque la voluntad se resiste a secundar el querer de Dios, prefiriendo el propio capricho o el juicio propio en algo contrario a la voluntad de Dios, aunque no suponga una ruptura con Él. No se compagina el empeño por estar cada día mas cerca de Jesucristo con admitir cosas que separan de Él. Cada falta venial deliberada es un paso atrás en nuestro camino hacia Dios; es entorpecer la acción del Espiritu Santo en el alma: ¡Dichosos los ojos de ustedes, que ven! ¡Dichosos los oídos de ustedes, que oyen! Mt 13,16.

Secretos: se trata de los designios de Dios, que ahora son revelados, a nosotros, que estamos sedientos de Dios, que queremos dejar a un lado y aborrecer de verdad todo aquellos que nos separara o retrasa, nos dice el mismo Jesús: “Si alguno tiene sed, venga a Mí y beba”. Jn 4,10-15.

El agua viva que promete el Señor no se puede guardar en vasijas rotas por el pecado mortal o agrietadas por los pecados veniales. La Confesión restaura el alma, la purifica y la llena de gracias.

LAS INFIDELIDADES DE SU PUEBLO

Así dice Yave: “Aun me acuerdo de la pasión de tu juventud, de tu cariño como de novia, cuando me seguías por el desierto, por la tierra sin cultivar” Jer 2,2.  Jeremías, lo mismo que Oseas, recurre al simbolismo de la unión matrimonial para referirse a la relación del Señor con su pueblo Israel. En el desierto, los israelitas todavía no estaban expuestos a la tentación de rendir culto a los dioses de la fertilidad, como lo estarían mas tarde, después de su entrada en Canaán. Esta visión idealizada de la época del desierto contrasta con la que presenta el profeta Ezequiel. Para este ya en el desierto los israelitas se rebelaron contra el Señor y desobedecieron sus leyes. Ez 20,13. Entonces el Señor, penso descargar su cólera contra ellos y hacerlos desaparecer en el desierto. Sin embargo Dios que es fiel se acordó de su alianza cuando eran jóvenes y estableció una alianza eterna.

Su pueblo conocedor de la bendición recibida por Yave y que había previsto su camino por desierto sin que nada les halla faltado le fue infiel: los sacerdotes no le buscaron, los instructores del pueblo no le reconocieron, los jefes se rebelaron contra Yave y los profetas hablaron en nombre de Baal y se fueron tras ídolos que no sirven para nada. Jer 2,8. Doble falta ha cometido mi pueblo. La acusación va dirigida, ante todo, contra los principales responsables. En primer lugar, contra los sacerdotes, no en cuanto ministros del culto, sino en su función de instructores, es decir, en cuanto depositarios de la Ley y encargados de enseñarla al pueblo. Os 10,10. Luego, contra los jefes, los pastores, de quienes esperaba que establecieran un orden social justo. Jer 22,13-19. Finalmente, contra los profetas, infieles a su misión de proclamar la Palabra de Dios. Jer 1,9-10.

Hermanos la maldad del hombre fruto de su infidelidad nos incita a confiar en Dios que nos dice: “Ni tu vestido se ha gastado, ni tu pie se ha lastimado” Dt 8,4. Porque a nadie le ha permitido que nos oprimiera. Él hizo un pacto para que no nos hagan daño. Os 3,20. Pido que tengan animo, que se afiancen en el amor y que tengan plenamente desarrollados los dones de entendimiento, para que puedan penetrar en el gran secreto de Dios que es Cristo: < ¡Qué maravilloso es tu amor, oh Dios! ¡Bajo tus alas, los hombres buscan Protección! Sal 35,6-11.

Le pedimos a Nuestra Madre Santa Maria, Refugio de los pecadores, que nos conceda la gracia de aborrecer todo pecado venial y un gran amor al sacramento de la Misericordia Divina y que podamos decir como el Salmista:

“Guárdame como a la niña de tus ojos, escóndeme a la sombra de tus alas”

Feceva – CIAME

Julio 2,000, 

El Mejor Puesto

El Mejor Puesto

EL MEJOR PUESTO 

Los primeros puestos

Todos los días son buenos para hacer un rato de oración junto a la Virgen, pero en este, el sábado, son muchos los cristianos de todas las regiones de la tierra que procuramos que la jornada transcurra muy cerca de Maria. Nos acercamos hoy a Ella para que nos enseñe a progresar en esa virtud fundamento de todas las demás, que es la humildad, pues ella es la puerta por la que pasan las gracias que Dios nos otorga; es la que sazona todos nuestros actos, comunicándoles tanto valor, y haciendo que resulten y sean agradables a Dios.

Finalmente, Ella nos constituye dueños del corazón de Dios, hasta hacer de El, por decirlo así, nuestro servidor; pues nunca ha podido Dios resistir un corazón humilde. Es tan necesaria para la salvación que Jesús aprovecha cualquier circunstancia para ensalzarla. Lc 14, 1. 7-11, nos refiere que Jesús fue invitado a un banquete. En la mesa, como también ocurre frecuentemente en nuestros días, había lugares de mayor honor. Los invitados, quizá un tanto atropelladamente, se dirigían a estos puestos más considerados. Jesús lo observaba.Quizá cuando ya estaba terminando la comida, en los momentos en los que la conversación se hace mas reposada, el Señor dice: Cuando seas invitado a una boda, no te sientes en el primer puesto... Al contrario... ve a sentarte en él ultimo lugar, para que cuando llegue el que te invito te diga: amigo, sube mas arriba. Entonces quedaras muy honrado ante todos los comensales. Porque todo el que se ensalza será humillado; y el que se humille será ensalzado. Jesús se situaría probablemente en un lugar discreto o donde le indico el que le había invitado. El sabe estar, y a la vez se da cuenta de aquella actitud poco elegante, también desde el punto de vista humano, que adoptan los comensales. Estos, por otra parte, se equivocaron radicalmente porque no supieron darse cuenta de que el mejor puesto se encuentra siempre al lado de Jesús. Por llegar hasta allí junto al señor, es por lo que debieron porfiar. En la vida  de los hombres se observa no pocas veces una actitud parecida a la de aquellos comensales: ¡cuánto esfuerzo para ser considerados y admirados, y que poco para estar cerca de Dios! Nosotros pedimos hoy a Santa Maria, en este rato de oración y a lo largo del día, que nos enseñe a ser humildes, que es el único modo de crecer en amor a su Hijo, de estar cerca de El. La humildad conquista el Corazón de Dios., porque vio la bajeza de su esclava... ¡Cada día me persuado mas de que la humildad autentica es la base sobrenatural de todas las virtudes!Habla con Nuestra Señora, para que Ella nos adiestre a caminar por esa senda.

Humildad de Maria

La Virgen nos enseña el camino de la humildad. Esta virtud no consiste esencialmente en reprimir los impulsos de la soberbia, de la ambición, del egoísmo, de la vanidad.... pues Nuestra Señora no tuvo jamás ninguno de estos movimientos y fue adornada por Dios en grado eminente con esta virtud. El nombre de humildad viene del latín humus, tierra y significa, según su etimología, inclinarse hacia la tierra. La virtud de la humildad consiste esencialmente en inclinarse ante Dios y ante todo lo que hay de Dios en las criaturas, reconocer nuestra pequeñez e indigencia ante la grandeza del Señor. Las almas santas sienten una alegría muy grande en anonadarse delante de Dios, y reconocer prácticamente que El solo es grande, y que en comparación de la suya, todas las grandezas humanas están vacías de verdad, y no son sino mentira. Este anonadamiento no empequeñece, no acorta las verdaderas aspiraciones de la criatura, sino que las ennoblece y les da nuevas alas, les abre horizontes más amplios. Cuando Nuestra Señora es elegida para ser Madre de Dios, se proclama enseguida su esclava. Lc 1, 38. Y en el momento escucha la alabanza de que es bendita entre todas las mujeres, Lc 1, 42, se dispone a servir a su prima Isabel. Es la llena de gracia Lc 1, 28, pero guarda en su intimidad la grandeza que le ha sido revelada. Ni siquiera a José le desvela el misterio, deja que la Providencia lo haga en el momento oportuno. Llena de una inmensa alegría canta las maravillas que le han sucedido, pero las atribuye al Todopoderoso. Ella, de su parte, solo a ofrecido su pequeñez y su querer Lc 1, 47-49. Se ignoraba así misma. Por eso, a sus propios ojos no contaba. No vivió  pendiente de sí misma, sino pendiente de Dios, de su voluntad. Por eso podía medir el alcance de su propia bajeza, de su, a la vez, desamparada y segura condición de criatura, sintiéndose incapaz de todo, pero sostenida por Dios. La consecuencia fue el entregarse, el vivir para Dios. Nunca busco su propia gloria, ni aparentar, ni primeros puestos en los banquetes, ni ser considerada, ni recibir halagos por ser la Madre de Jesús. Ella solo busco la gloria de Dios.La humildad se funda en la verdad, en la realidad, sobre todo en esta certeza: es infinita la distancia que existe entre la criatura y su Creador.Cuanto más se comprende esta distancia y el acercamiento a Dios con sus dones a la criatura, el alma, con la ayuda de la gracia, se hace más humilde y agradecida. Cuanto más elevada esta una criatura mas comprende este abismo; por eso La Virgen fue tan humilde. Ella, la Esclava del Señor, es hoy la reina del Universo. En Ella se cumplieron de modo eminente las palabras de Jesús al final de la parábola: el que se humilla, el que ocupa su lugar ante Dios y ante los hombres, será ensalzado. El que es humilde oye siempre a Jesús que le dice: amigo, sube mas arriba. Que sepamos ponernos al servicio de Dios sin condiciones y seremos elevados a una altura increíble; participaremos en la vida intima de Dios, seremos como dioses, pero por el camino reglamentario: el de la humildad y la docilidad al querer de nuestro Dios y Señor. 

Frutos de la Humildad.

La humildad nos hará descubrir que todo lo bueno que existe en nosotros viene de Dios, tanto en el orden de la naturaleza como en el de la gracia: Mi sustancia es como nada delante de Ti, Señor Sal 38, 6. Lo específicamente nuestro es la flaqueza y el error. A la vez, nada tiene que ver esta virtud con la timidez, con la pusilanimidad o la mediocridad. Lejos de apocarse, el alma humilde se pone en las manos de Dios, y se llena de alegría y de agradecimiento cuando Dios quiere hacer cosas grandes a través de ella. Los santos han sido hombres magnánimos, capaces de grandes empresas para la gloria de Dios. El humilde es audaz porque cuenta con la gracia del Señor, que todo lo puede; acude con frecuencia a la oración – es muy pedigüeño –, porque esta convencido de la absoluta necesidad de la ayuda divina; es agradecido, con Dios y con sus semejantes, porque es consciente de las muchas ayudas que recibe; tiene especial facilidad para la amistad y, por tanto, para el apostolado... Y aunque la humildad es el fundamento de todas las virtudes, lo es de modo muy particular de la caridad: en la medida en que nos olvidemos de nosotros mismos, podemos preocuparnos de los demás y atender sus necesidades.  Alrededor de estas dos virtudes se encuentran todas las demás. “Humildad y caridad son las virtudes madres – afirma San Francisco de Sales – las otras las siguen como polluelos a su clueca”. La soberbia, por el contrario, es la “raíz y madre” de todos los pecados, incluso de los capitales, y el mayor obstáculo que el hombre puede poner a la gracia. La soberbia y la tristeza andan con frecuencia de la mano, mientras que la alegría es patrimonio del alma humilde. “Mirad a Maria. Jamás criatura alguna se ha entregado con mas humildad a los designios de Dios. La humildad de la esclava del Señor, es el motivo de que la invoquemos como, causa de nuestra alegría. Eva, después de pecar queriendo en su locura igualarse a Dios, se escondía del Señor y se avergonzaba: estaba triste. Maria, al confesarse esclava del Señor, es hecha Madre del Verbo divino, y se llena de gozo. Que este jubilo suyo, de Madre buena, se nos pegue a todos nosotros: que salgamos en esto a Ella – a Santa Maria – y así nos pareceremos mas a Cristo”.  

Feceva – CIAME

Noviembre 2003.   

LA FE SANA

LA FE SANA

La Ciencia confirma que: LA FE SANA  

Un nutrido grupo de estudiantes de medicina, ataviados con sus batas blancas, rodean la cama de un enfermo en el Hospital Universitario de Georgetown. A Tom Long lo apuñalaron en el corazón, él estomago y el bazo en una riña domestica. Después de siete intervenciones por fin le dieron de alta. Un injerto de piel le cubría la gran herida del estomago. Como esta no le sano en el transcurso de un año, en diciembre de 1999 regreso al hospital de Georgetown para que lo operaran y se la cerraran.

 Long narra lo que siente ser uno de los pocos que han sobrevivido a una puñalada en el corazón. Reghan Foley, estudiante de primer año, le pregunta: ¿De donde sacas fuerzas?Es una buena pregunta – contesta Long.Y agrega que le salvo la vida algo mas que la excelente atención medica que recibió.Se refiere a Dios.

En ese instante se pudo haber oído caer un alfiler. Los estudiantes que se habían distraído durante la lectura historial medico del paciente prestan atención. Comienzan las preguntas. “La religión y la medicina”, y dice Foley. “Lo hemos visto una y otra vez”. Y no se trata solo de la religión organizada que da fuerza a algunos enfermos. “Todo el mundo tiene algún tipo de espiritualidad”, señala. “Es lo que da sentido a la vida”. La relación entre el espíritu y el cuerpo data de tiempo inmemorial, pero cuando la medicina se convirtió en ciencia los médicos occidentales se apartaron de la espiritualidad y la fe religiosa. Hoy, la demanda de los pacientes, aunada a los estudios científicos que correlacionan la fe con la buena salud, están convenciendo lentamente una comunidad medica escéptica.

La Ciencia de la Religión 

Una ola de estudios recientes esta erosionando la muralla que divide la Iglesia del laboratorio. Los estudios han demostrado, por ejemplo, que las personas que acuden a servicios religiosos mas de una vez a la semana viven, en promedio, siete años mas que quienes no lo hacen. Un estudio realizado en 1998 por los doctores Harold Koening y David Larson, del Centro Medico de la Universidad de Duke, revelo que la gente que acude a la Iglesia semanalmente corre menos riesgos de ser hospitalizada, y de ser así su estancia es breve que la de quienes asisten con menor frecuencia.

 

Estas correlaciones pueden explicarse parcialmente por el hecho de que quienes asisten a la Iglesia son menos propensos a fumar, beber o tener relaciones sexuales riesgosas, y por lo general cuentan con un grupo social que los apoya.

Los estudios demuestran que la gente aislada es más propensa a sufrir males tanto físicos como espirituales.

Algunos investigadores que estudian la correlación entre la fe y la curación, creen que no es tan importante una explicación completa del efecto positivo de la espiritualidad en la salud. “No entendemos los mecanismos de muchos fármacos. Sabemos, de observar la relación entre causa y efecto, que si funcionan”, dice Jones. “De la misma manera, podemos observar los efectos que tiene la conciencia espiritual de una persona en su mejoría. ¿Por qué no admitir eso como prueba?”

 

“Es como el efecto de los placebos”, añade. “¿Por qué no funcionan?. Por la fe. Se trata de una fuerza poderosa”.

Como también lo es la culpa. Richard Sloan, profesor del Colegios de Médicos y Cirujanos de la Universidad de Columbia, se opone a que los médicos se “inmiscuyan” en las ciencias religiosas de sus pacientes.

Si la medicina adopta la postura de que la devoción tiene un efecto en la salud, dice, esto implica que estar enfermo o no poder recuperarse se debe a una practica religiosa tibia.

 

De hecho, incluso los médicos que incluyen la espiritualidad en su gama de remedios aceptan que es muy importante recurrir a la fe solo como algo adicional al tratamiento medico, y solo en caso de que el paciente este dispuesto a hablar sobre sus creencias.

Salto de Fe. 

En 1996, a José Semmes, entonces medico de la sala de urgencias del Hospital Arlington, en Virginia, le diagnosticaron cáncer de páncreas, una enfermedad a la que solo sobrevive la mitad de los pacientes al cabo de cinco años.

Educado en la fe católica, no se había confesado desde la crisis de los mísiles cubanos. “Todos lo hicimos por si moríamos al día siguiente”, recuerda Semmes, hoy de 51 años y padre cuatro hijos.

Admite que conceptos como “equilibrio” lo hacían levantar las cejas. Pero cuando su esposa, Elonide, una pragmática mujer de negocios, pidió a la gente que rezara por él, no se opuso. Hacia poco que había leído que la meditación y la oración contemplativa aquietaban la mente. “A pesar de que el tema es controvertido, existen pruebas que el estrés afecta al sistema inmunitario. Pensé que haría cualquier cosa que lo fortaleciera”

 

El día previo a su operación exploratoria, Elonide pidió en su Iglesia que se llevara acabo un ritual de sanación. “Mucha gente me impuso las manos y cantaron himnos”, dice Joe. “Fue increíble el poder de esa comunidad”

El tumor de Semmes, que envolvía vasos sanguíneos vitales, era inoperable. Pero un tratamiento de radiación y 36 semanas de quimioterapia lo encogieron.

Entonces Semmes les pidió a los cirujanos que hicieran lo posible por extirpárselo. En enero de 1998 lo lograron, después de 11 horas de cirugía.

 

Hoy, cinco años después del diagnostico inicial, Joe Semmes no presenta ningún síntoma de la enfermedad y dice que goza de “buena energía”, aunque le extirparon casi todo el páncreas. “No quiero que nadie piense que mi mejoría se debió a la oración. Fueron la radiación y la cirugía. Pero mi estado de animo era de mucho optimismo. La sanación es un movimiento hacia la integración: despertar a lo que somos y relacionarnos amorosamente con los demás. El crecimiento espiritual que puede darse durante un colapso físico es inmenso. Yo tuve la fortuna de experimentarlo”.

Receta: ¿La Oración? 

A principios de su carrera, en los años 80, él medico internista Dale Matthews empezó a darse cuenta de que sus pacientes esperaban de el algo mas que un diagnostico físico y un régimen de tratamiento; algunos sabedores de su gran fe, deseaban que rezara por ellos.

“No sabia como hacerlo. Decidí incluir la espiritualidad en mi relación con mis pacientes luego de escucharlos, prestarles atención y ver cuanto se apoyaban en su fe”.

 

Matthews, hijo de un medico de pueblo también era un estudioso de la medicina, y nieto de un misionero, ejerce en Washington, D.C.

Usa estetoscopio, se vale de los rayos X y receta Prozac si es necesario, pero cuando redacta las historias clínicas muchas veces les hace preguntas sobre sus creencias religiosas.

 

“Es como si él tuviera una base de apoyo más amplia”, asegura uno de los pacientes de Matthews, consultor en biotecnología que padece una enfermedad autoinmunitaria crónica. A sus 47 años ya le reemplazaron la válvula aortica, le diagnosticaron la enfermedad de Crohn (un mal intestinal) y tiene que soportar las molestias de la artritis.

No le ha sido fácil vivir con una enfermedad degenerativa y potencial mortal. Comenta que ha podido sobrellevar los últimos seis años gracias a su renovada espiritualidad. Matthews a veces le escribe citas bíblicas en sus recetas y le sugiere algún recurso espiritual.

 

“Hay cierta magia en esto”, dice el paciente, cuyo mal se ha estabilizado. Pese a recaídas recientes, sostiene: “Mi fe me ha llevado a un punto en el que ya no siento que mi enfermedad sea una carga”.

Doctor, cúrese a sí mismo. 

Es posible que, en Estados Unidos, la ciencia medica este adoptando la espiritualidad porque los propios médicos necesitan creer en algo.

“Nos encontramos en un momento decisivo”, dice la doctora Christina Puchalski, profesora de medicina en la Universidad Goerge Washington.

“Los médicos tienen una misión tienen una misión de servicio: deben anteponer el bienestar de sus pacientes al suyo propio. Esta es una misión muy espiritual. Pero convertir la medicina en un negocio esta llevando a la perdida de ese sentido”

 

Médicos y pacientes, sin embargo, siguen expresando el deseo de conservar la fe. En 1996, la Asociación de Colegios de Medicina de Estados Unidos comenzó a entrevistar a organizaciones defensoras de los derechos de los pacientes, a médicos, a ejecutivos de aseguradoras, a estudiantes de medicina y a miembros de la comunidad a fin de que les dijeran que objetivos convenía que tuvieran las escuelas de medicina. Los temas más sobresalientes resultaron ser los de índole cultural y espiritual, y los relacionados con la muerte. Las escuelas ya están respondiendo a la demanda: aproximadamente 50 de las 125 escuelas de medicina que hay en Estados Unidos tienen el tema de la espiritualidad en su plan de estudios.

Los nuevos estudiantes de medicina quieren COMUNICARSE con la gente desde EL ALMA. 

En la Universidad de Georgetown, por ejemplo, los alumnos de primer año de medicina toman un curso llamado “Las Tradiciones Religiosas en el Cuidado de la Salud”. Equipos formados por clérigos y médicos ofrecen los puntos de vista de diversas creencias: judía, budista, islámica, hindú, católica y protestante.

Los estudiantes aprenden que las creencias religiosas influyen en decisiones como la eutanasia, la transfusión de sangre y el uso de fármacos y tecnologías. Se les enseña como integrar una historia espiritual a una historia clínica, y como usar los recursos religiosos si así lo determinan las necesidades del paciente.

Tratamiento integral 

Cuando Diane Rehm, conductora de un programa de radio, comenzó a perder la voz, se sometió a diversos exámenes y terapias, probo medicamentos y consulto a especialistas.

Para 1998, tras siete años de tratamientos infructuosos, su voz se torno tan débil que tuvo que dejar de trabajar. Un amigo la invito a participar en un ritual de sanación, y Rehm, quien recurre a la oración aun en sus mejores momentos, accedió. En una iglesia, su amigo, quien entonces era obispo sufraganeo, llevo a

cabo con ayuda de un colega un antiguo ritual de sanación con imposición de manos. Cuando termino su voz estaba igual, pero ella se sentía mucho mejor.

“¿Qué si sentí una descarga energía?”, dice Rehm. No. Solo me sentí en paz y con la sensación de que lo que estaban haciendo iba a ayudarme”.

 

Comenzó a acudir semanalmente al ritual de sanación. Pero no dejo de buscar ayuda medica. Dos meses mas tarde, los doctores Paúl Flint y Stephen Reich, de Johns Hopkins, le diagnosticaron disfonía espasmódica, enfermedad que afecta los músculos que producen el sonido. Le recetaron inyecciones periódicas para paralizar temporalmente sus músculos vocales sobreejercitados. Rehm también se ha sometido a sesiones de acumputura. Hasta ahora, el tratamiento ha funcionado.

 

“La sanación puede venir en forma de aceptación, de tratarse uno mismo y a otros de un modo distinto, de mantener un sentimiento de paz ante la aflicción”, dice Rehm quien hace hincapié en que la fe es un complemento del tratamiento medico.

“Las enfermedades tienen una base física”, señala el psiquiatra Jones, “pero existe una jerarquía: el nivel físico, el emocional, el intelectual y el espiritual”. Jones prevé una cambio sutil en la practica de la medicina: de tratar la enfermedad a tratar integralmente a la persona.

 

“Los avances de la ciencia han sido increíbles”, dice la doctora Puchalski. “Hemos aumentado la esperanza de vida en casi dos tercios en el siglo XX, y esto se debe principalmente a la ciencia. Pero hemos puesto todos nuestros huevos en canasta. La ciencia no lo explica todo. El vinculo de confianza que debe haber entre él medico y su  paciente no se produce si aquel solo se concreta en el aspecto físico”, añade. “No es algo que lleve tiempo; se trata de entrar a la sala de auscultación con el corazón abierto”. En otras palabras, no se trata de sanación por la fe, sino fe en la sanación.

El cielo puede esperar 

Existen cientos de estudios que documentan la relación entre la fe y la salud. Estos son algunos de los efectos favorables de la devoción.

 

Una vida más larga. Un estudio realizado entre 1987 y 1995 en Estados Unidos con 21,000 personas revelo una diferencia de siete años en la esperanza de vida entre quienes nunca iban a la iglesia y quines iban mas de una vez por semana.

 

Bienestar general. En un estudio dirigido por el epidemiólogo Jeft Levin, los adultos mayores que se consideraban religiosos tenían menos problemas de salud y su vida en general era mejor que la de los no religiosos.

 

Mayor capacidad de recuperación. Los pacientes que encontraban consuelo en su fe tenían tres veces más probalidades de seguir con vida seis meses después de una operación a corazón abierto que aquellos que no lo encontraban, según una investigación de 1995 llevada a cabo en la Facultad de Medicina de la Universidad Dartmouth.

 

Buena salud mental. La asistencia a algún lugar de culto esta relacionada con tasa mas bajas de depresión y angustia, según un estudio de 1999 hecho por la Universidad de Duke entre casi 4000 adultos mayores.

 

Menor estrés. El estrés hace que suba la presión arterial y los ritmos respiratorio y cardiaco, lo que somete el organismo a un esfuerzo adicional y debilita el sistema inmunitario, dice el doctor Herbert Benson, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harward. En diversos estudios, Benson ha descubierto que se puede producir una reacción contraria combinando dos pasos: repetir una oración, palabra, sonido, frase o movimiento, y hacer caso omiso de otros pensamientos. La meditación, la oración, el tai chi y el yoga producen un estado más saludable.